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sábado, 16 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY SÁBADO 16 DICIEMBRE 2017


Lecturas de hoy Sábado de la 2ª semana de Adviento
Hoy, sábado, 16 de diciembre de 2017




Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (48,1-4.9-11):

EN aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego,
sus palabras quemaban como antorcha.
Él hizo venir sobre ellos hambre,
y con su celo los diezmó.
Por la palabra del Señor cerró los cielos
y también hizo caer fuego tres veces.
¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!
¿Quién puede gloriarse de ser como tú?
Fuiste arrebatado en un torbellino ardiente,
en un carro de caballos de fuego;
tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros,
para aplacar la ira antes de que estallara,
para reconciliar a los padres con los hijos
y restablecer las tribus de Jacob.
Dichosos los que te vieron
y se durmieron en el amor.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19

R/. Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

V/. Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

V/. Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó,
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

V/. Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,10-13):

CUANDO bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
Él les contestó:
«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy sábado, 16 de diciembre de 2017
 José Mª Vegas, cmf



Nuestra relación con  Juan el Bautista

Esta segunda semana de Adviento ha estado dominada por la figura de Juan, el precursor. Los grandes acontecimientos, los que deciden la historia, siempre vienen precedidos de signos premonitorios, de otros acontecimientos que preparan y posibilitan el advenimiento de aquellos. En la historia de la salvación sucede otro tanto. Aquí esos “signos premonitorios” que preparan el gran acontecimiento de Cristo son otras personas, hombres y mujeres sencillos, del pueblo, como Isabel, José, María, y profetas como Juan. Si los primeros, y sobre todo María (que llena la escena de la tercera semana de Adviento), hacen posible la aparición de Jesús en el mundo (su encarnación y nacimiento), Juan, el precursor, ocupa un lugar especial en esta larga preparación del cumplimiento de las promesas, pues él abre el camino de la aparición pública de Jesús y de su ministerio. La figura de Juan es imprescindible en la experiencia de fe. Siempre hace falta un Bautista, un mediador que nos señala proféticamente “éste es el Cordero de Dios”. Y si lo fue en tiempos de Jesús, allá en Galilea, lo sigue siendo también ahora, en la experiencia de fe y de encuentro con Cristo de cada uno de nosotros.

Naturalmente, estamos muy inclinados a soñar en una relación directa, sin mediadores. Es, por ejemplo, muy natural pensar que “si yo hubiera vivido en tiempos de Jesús…”, imaginando la fascinación por el contacto con Jesús, un discipulado modélico, una entrega sin condiciones a la causa del Maestro. Sin embargo, la prueba de fuego de cómo sería (y cómo es) realmente mi relación con Cristo, está en comprobar cómo es mi relación con sus mediadores. Y para reconocer a los mediadores de Jesús es preciso tener un espíritu abierto y elástico. Porque somos muy dados a poner condiciones y establecer marcos rígidos a la mediación de Dios. Nos lo recordaba ayer la amarga queja de Jesús. Los escribas esperaban que Elías precediera la venida del Mesías y tenían razón, pero no supieron descubrirlo en Juan el Bautista. En nuestro entorno existen sin duda mediadores que hacen para nosotros de Juan el Bautista. A veces es fácil reconocerlos. Pero no siempre estamos tan bien dispuestos. “Si yo hubiera vivido en tiempos de Jesús y hubiera podido encontrarlo personalmente…” ¿Cuál hubiera sido mi relación con él? Es posible saberlo, observando la relación que tengo con los “precursores” que me rodean. No hace falta que sean grandes personajes de la historia, pueden ser las personas que me rodean cotidianamente. A Elías, en la persona de Juan, lo trataron a su antojo, y lo mismo hicieron con Jesús.

Se acerca la Navidad, Dios viene a nuestro encuentro una vez más. ¿Cómo estoy dispuesto a recibirlo? Si quiero responder a esta pregunta con realismo, sin ensoñaciones, tengo que examinar cuál es mi relación con los precursores que Dios me envía, mi capacidad para reconocerlos y acogerlos.

Saludos cordiales
José M.ª Vegas cmf

jueves, 14 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 14 DICIEMBRE 2017


Lecturas de hoy Jueves de la 2ª semana de Adviento
Hoy, jueves, 14 de diciembre de 2017



Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (41,13-20):

YO, el Señor, tu Dios,
te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob,
oruga de Israel,
yo mismo te auxilio
-oráculo del Señor-,
tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes
buscan agua, y no la encuentran;
su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas,
en medio de los valles, manantiales;
transformaré el desierto en marisma
y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos, y olivares;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces,
para que vean y sepan,
reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho,
que el Santo de Israel lo ha creado.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 144,1.9.10-11.12-13ab

R/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad.

V/. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

V/. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,11-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor



Comentario al Evangelio 
de hoy jueves, 14 de diciembre de 2017
 José Mª Vegas, cmf



Más grandes que el más grande

Las enigmáticas palabras de Jesús sobre la violencia y el Reino de Dios puede desconcertarnos. ¿Acaso está Jesús justificando la violencia por el Reino de los Cielos, incluso exhortando a ella? Desde luego son múltiples los testimonios evangélicos que desautorizarían tal interpretación: desde el rechazo de Jesús a adorar a Satanás para conquistar (para Dios, a eso había venido) todos los reinos del mundo (cf. Mt 4, 8-9), es decir, la renuncia a conseguir buenos fines con malos medios; pasando por las bienaventuranzas (cf. Mt 5, 9), y hasta las palabras que le escuchamos ayer, en que se define como manso y humilde de corazón. No hay, pues, excusas para el uso de la violencia por el Reino de los Cielos. Los episodios violentos de la historia de la Iglesia habrá que entenderlos en su contexto histórico, pero como desviaciones del verdadero espíritu del Evangelio.

Pueden entenderse también esas palabras en sentido contrario: los violentos se alían contra el Reino de los cielos e intentan acabar con él. El contexto inmediato, la prisión e inminente muerte de Juan el Bautista, permiten esta lectura. También Jesús sufrirá una violencia similar, y avisa de que sus discípulos no deben esperar un destino distinto (Jn 15, 20).

Sin embargo, tal vez la clave correcta de interpretación nos la dé precisamente la alabanza que Jesús dirige a Juan, el más grande de entre los nacidos de mujer. Juan se había presentado ante Israel como un profeta fuerte y vigoroso, similar al gran profeta del Antiguo Testamento, Elías. Por eso, Jesús considera que en Juan se cumple la profecía de Malaquías (3, 23), sobre la vuelta de Elías para preparar el día del Señor. El Reino de los cielos no es cosa de débiles, sino de fuertes. Pero existe una fortaleza mayor que la mostrada por Juan, hasta el punto de que el menor en el Reino de los cielos, en los tiempos mesiánicos, es mayor que los más grandes profetas. Es la fortaleza del amor, la compasión y la misericordia, que realiza y cumple las profecías que anunciaron aquellos: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres” (Mt 11, 5). Somos más grandes que ellos, no por nuestros méritos, sino porque nos es dado vivir en el tiempo de la gracia, en la cercanía inmediata del Mesías, el Hijo, que ellos sólo anunciaron: somos los ciegos que ven los sordos que oyen, los leprosos limpiados, somos los renacidos a una vida nueva. La humildad y mansedumbre del Mesías, que se ha hecho pequeño y servidor, y de las que tenemos que aprender nosotros, no tienen nada que ver con un espíritu débil, sino, al contrario, es signo de la fortaleza del que es capaz de entregar su propia vida por el bien de sus hermanos. También nosotros, en Cristo, estamos llamados a realizar los signos que avivan la esperanza y revelan que se cumplen las antiguas profecías, y que consisten en las obras del amor, de la sanación por el perdón y la misericordia.



Saludos cordiales
José M.ª Vegas cmf

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 13 DICIEMBRE 2017


Lecturas de hoy Miércoles de la 2ª semana de Adviento
 Hoy, miércoles, 13 de diciembre de 2017




Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (40,25-31):

«¿CON quién podréis compararme,
quién es semejante a mi?», dice el Santo.
Alzad los ojos a lo alto y mirad:
¿quién creó esto?
Es él, que despliega su ejército al completo
y a cada uno convoca por su nombre.
Ante su grandioso poder, y su robusta fuerza,
ninguno falta a su llamada.
¿Por qué andas diciendo, Jacob,
y por qué murmuras, Israel:
«Al Señor no le importa mi destino,
mi Dios pasa por alto mis derechos»?
¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno
que ha creado los confines de la tierra.
No se cansa, no se fatiga,
es insondable su inteligencia.
Fortalece a quien está cansado,
acrecienta el vigor del exhausto.
Se cansan los muchachos, se fatigan,
los jóvenes tropiezan y vacilan;
pero los que esperan en el Señor
renuevan sus fuerzas,
echan alas como las águilas,
corren y no se fatigan,
caminan y no se cansan.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 102,1-2.3-4.8.10

R/. Bendice, alma mía, al Señor

V/. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

V/. Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.

V/. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestro pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,28-30):

EN aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor





Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 13 de diciembre de 2017
 José Mª Vegas, cmf



El amor, alivio y yugo

Todos sabemos por experiencia lo que es el cansancio y el agobio. Nos cansamos porque nuestras fuerzas físicas son limitadas. No podemos sostener un esfuerzo físico continuado. Literalmente, se nos vacía el depósito, necesitamos parar, recuperarnos. Los agobios los sentimos sobre todo en las estrecheces anímicas: por la presión social, la de las preocupaciones y las obligaciones, para las que, con frecuencia, no damos abasto, por la falta de recursos económicos o por tantos otros motivos. También en la vida de fe experimentamos a veces cansancio y agobio. En el cansancio del cuerpo y los agobios del alma sentimos el peso de nuestra finitud, que parece abortar nuestras ansias de plenitud. Son muchos lo que tratan de explotar estas limitaciones humanas en beneficio propio, prometiendo alivios definitivos, pero ficticios, liberaciones que acaban esclavizándonos más, y que no hacen sino aumentar a la larga el cansancio y las angustias.

Jesús conoce bien nuestro corazón, sabe de nuestros cansancios y nuestros agobios, porque, hombre como nosotros, los padece en carne propia (cf. Mt 17, 17; Jn 12, 27; Mt 26, 36). Por eso nos llama para ofrecernos alivio. En Jesús descubrimos cómo Dios, realmente, se preocupa de nosotros, desmintiendo así esa falsa, pero muy humana impresión, que expresa hoy el profeta Isaías. A diferencia de los muchos embaucadores que explotan la debilidad humana, Él no ofrece fórmulas fáciles ni soluciones mágicas. Al tiempo que nos llama para aliviarnos, nos invita a asumir nuestra responsabilidad, a cargar con un yugo, el suyo; nos enseña, además, a no buscar fuera de nosotros mismos el lugar de nuestro descanso, sino dentro, en el propio corazón, en donde reside la fuente de la verdadera paz. Se trata, eso sí, de un corazón transformado según el mismo corazón de Jesús, que ha tomado sobre sí los pecados del mundo y ha cargado con el yugo del amor. Podemos y debemos descansar y buscar evadirnos, al menos por un tiempo, de los agobios cotidianos. Pero lo mejor es armarse interiormente, de modo que la fuente de nuestros alivios esté dentro de nosotros mismos.  Y no hay mejor modo de hacer esto que acudir al magisterio del único y verdadero maestro, Jesús, conectarse por medio de Él con la fuente de la vida y de la verdadera sabiduría. Es en Él y por medio de Él como sabemos y saboreamos que Dios nos ha revelado la sabiduría del amor, que nos enriquece y fortalece para cargar con el yugo suave y ligero de la responsabilidad por nuestros hermanos. Cansados y agobiados, acudamos a Jesús, a su Palabra, a la contemplación del misterio del amor, para fortalecer así nuestra esperanza, que renueva nuestras fuerzas y nos da valor para perseverar en las buenas obras del amor.


Saludos cordiales
José M.ª Vegas cmf

martes, 12 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 12 DICIEMBRE 2017 - VIRGEN DE GUADALUPE

Lecturas de hoy Martes de la 2ª semana de Adviento
 Hoy, martes, 12 de diciembre de 2017




Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (40,1-11):

«CONSOLAD, consolad a mi pueblo
—dice vuestro Dios—;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle,
que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados».
Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y verán todos juntos
—ha hablado la boca del Señor—».
Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba
y su belleza como flor campestre:
se agosta la hierba, se marchita la flor,
cuando el aliento del Señor
sopla sobre ellos;
sí, la hierba es el pueblo;
se agosta la hierba, se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios
permanece por siempre».
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder
y con su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
reúne con su brazo los corderos
y los lleva sobre el pecho;
cuida él mismo a las ovejas que crían».

Palabra de Dios


Salmo
Sal 95,1-2.3.10ac.11-12.13-14

R/. Aquí está nuestro Dios, que llega con poder.

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.

V/. Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

V/. Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

V/. Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,12-14):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy martes, 12 de diciembre de 2017
 José Mª Vegas, cmf



Dios en busca del que se ha perdido

Si en la Palabra de Dios de ayer, en la primera lectura Dios venía como un don y en el Evangelio se recordaba lo que nosotros debemos hacer para recibir la salvación, parece que en el mensaje de hoy se invierten las tornas. Isaías nos avisa de la necesidad de preparar activamente la venida del Señor: levantar valles y abajar montes y colinas, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso. Hacer el bien que podemos, reparar el mal en lo posible, realizar, en suma, las obras de la justicia, conforme a la propia conciencia, allanan y facilitan la venida del Señor, pues, al fin y al cabo, la justicia (la ley natural, los diez mandamientos, como lo queramos llamar) también procede de Dios. Pero, si bien, esas obras preparan y facilitan, no son suficientes. Nadie puede salvarse a sí mismo, por más justo que sea: “Nadie puede salvarse a sí mismo ni pagar a Dios un rescate” (Sal 49, 8), porque además, ¿quién es justo ante Dios?: hasta el justo cae siete veces (Prov. 24, 16). No podemos fiarnos de nuestra propia justicia, ni exigirle a Dios la salvación. Pero el consuelo ante esta evidencia (“¡consolad a mi pueblo!”) es que el Señor tampoco espera pasivamente, ni viene sólo a juzgarnos por lo que hayamos hecho, sino que a la esperanza activa por nuestra parte, se le añade la venida activa, la activa búsqueda por parte de Dios. Si nos alejamos de Dios, Él no se queda sentado a ver cuándo volvemos arrepentidos, sino que como un buen pastor se pone en marcha, a buscar a la oveja perdida, como el padre bueno, sale al encuentro del hijo “cuando éste estaba todavía lejos” (Lc 15, 20).

La espera activa del tiempo de Adviento debe traducirse en los creyentes, en la Iglesia toda, en una actividad de búsqueda del que se ha perdido, de los que viven alejados de Dios. Ni el temor, ni el ambiente adverso, ni una falsa concepción de la tolerancia, deberían frenarnos en este movimiento de búsqueda, que tan bien se corresponde con esa “Iglesia en salida” a la que nos invita el Papa Francisco, y que reproduce además el mismo movimiento de Dios para con nosotros. Cristo es el Dios que busca al que se ha perdido. Pero es también el hombre encontrado por Dios. Nosotros, encontrados por Dios en Cristo, tenemos que salir con Él a la búsqueda de nuestros hermanos, que, exiliados de Dios, no saben que es un Padre lleno de amor y que los está buscando. Tal vez deberíamos proponernos en este tiempo cosas sencillas, que ayuden a recuperar el verdadero sentido cristiano de la Navidad, como invitar durante las fiestas no sólo a cenar o a comer, sino también a la participación en la Eucaristía, a rezar al comenzar nuestros encuentros familiares, a realizar signos que resalten la presencia activa de Dios entre nosotros.

Saludos cordiales
José M.ª Vegas cmf






Día litúrgico: 12 de Diciembre: Nuestra Señora de Guadalupe (Reina de México, Patrona de las Américas y Filipinas)


Texto del Evangelio (Lc 1,39-48): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada».

Palabra de Dios



«Todas las generaciones me llamarán bienaventurada»


Hoy, México celebra solemnemente a Nuestra Señora de Guadalupe, venerada como Reina del pueblo mexicano. Toda América también la celebra como su Patrona. Pero aún hay más: todo el mundo se alegra con esta fiesta de nuestra Madre. No en vano el Espíritu Santo le inspiró esas palabras: «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48). 

¡Todas las generaciones y de todo el mundo! ¿Parece una exageración? Pues no lo es. Preguntémonos, por ejemplo: ¿cuántas veces hoy mismo repetiremos en el mundo entero “bendita tú eres entre todas las mujeres”? Millones y millones de veces. ¡En un solo día! ¡Y así cada día! En fin, que el Espíritu Santo no se equivocó.

Santa María es un caso único: ninguna otra persona es tan recordada como ella en todas partes del mundo. Es un “caso único” como lo es también su Hijo Jesús, pues «no hay ningún otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, por el que tengamos que ser salvados» (Hch 4,12).

En relación a la Virgen hay, además, otro hecho impresionante: Ella es venerada en tantas regiones y comarcas distintas del mundo y, a la vez, frecuentemente, es representada según la fisonomía y los rasgos propios del lugar. Eso ocurre porque María es Madre de todos y, lógicamente, cada uno, cada pueblo la representa según su propia imagen. ¡Los hijos se parecen físicamente a su Madre! Por eso en México la contemplamos morena y con rasgos mestizos. Tampoco fue casual que María le hablara a Juan Diego en lengua azteca.

Pero tratemos de parecernos a Ella, sobre todo, espiritualmente. La Virgen de Guadalupe refleja en sus ojos a su querido hijito Juan Diego. ¡Nuestra Madre nos mira! ¡Qué responsabilidad tan grande tenemos! —Madre, yo quisiera que en tus preciosos ojos se reflejaran sólo cosas buenas, como la piedad, humildad y obediencia de san Juan Diego… y las flores que tú misma le diste y que tanto te gustan…


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

lunes, 11 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY LUNES 11 DICIEMBRE 2017


Lecturas de hoy Lunes de la 2ª semana de Adviento
 Hoy, lunes, 11 de diciembre de 2017




Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (35,1-10):

EL desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrará la estepa y florecerá,
germinará y florecerá como flor de narciso,
festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
afianzad las rodillas vacilantes;
decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará.»
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo,
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque,
el suelo sediento en manantial.
En el lugar donde se echan los chacales
habrá hierbas, cañas y juncos.
Habrá un camino recto.
Lo llamarán «Vía sacra».
Los impuros no pasarán por él.
Él mismo abre el camino
para que no se extravíen los inexpertos.
No hay por allí leones,
ni se acercarán las bestias feroces.
Los liberados caminan por ella
y por ella retornan los rescatados del Señor.
Llegarán a Sión con cantos de júbilo:
alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 84,9ab-10.11-12.13-14

R/. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará.

V/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

V/. La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

V/. El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
Y sus pasos señalarán el camino. R/.

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,17-26):

UN día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:
«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:
«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy lunes, 11 de diciembre de 2017
 José Mª Vegas, cmf




Para que veamos maravillas

La primera lectura nos presenta una cuadro maravilloso, que describe lo que supone la presencia del Señor al que esperamos: el desierto florece y, con él, el corazón humano, que se llena de alegría y siente que la vida renace, se curan sus enfermedades y son superadas sus limitaciones. La alegría por la presencia salvadora del Señor expresa el carácter de don, de gracia, de regalo que su venida lleva consigo. Así suena el precioso texto de Isaías. Pero esto no significa que debamos esperar sentados. Todo en el Adviento nos habla de una esperanza activa, de que tenemos que ponernos manos a la obra para preparar la venida del Señor. Y este es el mensaje del Evangelio, en el que vemos cómo se cumplen las profecías del AT: aunque Jesús ya está presente entre nosotros, tenemos que porfiar por encontrarlo, hemos de poner algo por nuestra parte, superar los obstáculos que, en este mundo, nos impiden llegar hasta él.

En el texto de Lucas se dice que el gentío impedía a unos hombres piadosos acercar hasta Jesús al paralítico postrado en la camilla. Ese gentío podemos entenderlo como la masa, las opiniones comunes, los prejuicios (a favor y en contra) que rodean a Jesús. Es necesario buscar espacios y tiempos abiertos, sin escatimar esfuerzos, que hagan posible el contacto personal con Cristo. Si es preciso hay que abrir boquetes en los tejados, romper barreras físicas y, sobre todo, sociales. Sólo así, en el encuentro personal, podemos experimentar la fuerza sanadora de su Palabra. En primer lugar, la curación fundamental, el perdón de nuestros pecados, que nos debilitan, nos atan y hacen dependientes, nos impiden caminar con autonomía y libertad. Pero Jesús nos libera de esas otras ataduras que, tal vez, sin ser pecados, nos paralizan también de tantas maneras: los complejos y miedos, las heridas acumuladas a lo largo de la vida, los respetos humanos, los prejuicios, la incredulidad en torno, que, en este texto, está representada por esos supercreyentes, los fariseos, que no creían, sin embargo, en la posibilidad del perdón, de la rehabilitación del que estaba postrado (si lo estaba, pensaban, sería como consecuencia de sus pecados…). Es verdad que en esta vida nunca nos liberamos del todo. El paralítico, ya restablecido, tiene que cargar con su camilla. Es un símbolo del peso de la vida. Pero es también un recuerdo de la curación recibida: aunque cargando con la camilla, ya puede caminar por sí mismo. De hecho, las cargas de las que Jesús nos libera se convierten en experiencia con la que podemos ayudar a otros a obtener la liberación. El paralítico podía contar cómo había sido curado, podía ofrecer a otros su camilla para llevarles hasta Jesús. Y es que la hermosa utopía de Isaías está en camino, en curso de realización, sobre todo por la presencia entre nosotros de Jesús, pero también porque nosotros, curados por Él, podemos contribuir con el testimonio de nuestro amor a irla haciendo realidad.


Saludos cordiales
José M.ª Vegas cm

domingo, 10 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 10 DICIEMBRE 2017, II DOMINGO DE ADVIENTO


2 Domingo de Adviento – Ciclo B
Domingo 10 de diciembre de 2017

“Preparad el Camino“



Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (40,1-5.9-11):

«Consolad, consolad a mi pueblo, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos –ha hablado la boca del Señor–.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.»

Palabra de Dios

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Salmo

Salmo Responsorial: 84,9ab-10.11-12.13-14

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

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Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (3,8-14):

No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.

Palabra de Dios

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,1-8):

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

Palabra del Señor

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CON JESÚS COMIENZA ALGO BUENO




A lo largo de este nuevo año litúrgico, los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienzo de la buena noticia de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza algo nuevo». Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que «el tiempo se ha cumplido». Con él llega la buena noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio sabe que con él empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con «la salvación de Dios».

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que solo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío; el otro, más universal. Sin embargo, reserva a los lectores algunas sorpresas. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación definitiva. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que solo Dios puede ser así. Solo cuando termine su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confesará: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Es la segunda sorpresa.



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc 1,1-8
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