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lunes, 11 de junio de 2018

ORACIONES A SAN BERNABÉ


Oración a San Bernabé Apóstol


Dios nuestro, que, después de haber infundido 
en abundancia la fe y el Espíritu Santo en San Bernabé, 
lo destinaste para que anunciara a los pueblos paganos 
el mensaje de salvación, haz que el Evangelio de Cristo, 
que él predicó valerosamente, sea proclamado con 
fidelidad por nuestras palabras y nuestras obras. 
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Amén.



Oración a San Bernabé Apóstol 



Oh, San Bernabé, Apóstol, vos sois
el hijo del Dios del la vida, aquél
que honor hizo, al significado de
vuestro nombre: “el que anima y
entusiasma”, y el de “el esforzado”.
Vuestra vida entregasteis unida a
la de San Pablo Apóstol; con quien
incesantemente trabajasteis, con
valor y con audacia las Escrituras
Santas expandiendo. Dicen de vos:
“Bernabé era un hombre bueno,
lleno de fe y del Espíritu Santo”,
y esa llenura y fe, os permitió obrar
bajo Aquél poder y fe, por los valles
y cañadas, los mares y los montes,
de noche y de día, con hambre y
sed, injuriado y perseguido, de muerte
amenazado, pero siempre con la fe
puesta en Aquél, en quien todo lo
podíais y vos lo podéis certificar,
porque hoy, gozáis de las alegrías
plenas del cielo, luciendo corona
de luz, por vuestros méritos y fe;
Oh, San Bernabé, santo Apóstol.

Amén



Fuente: Aciprensa

SAN BERNABÉ, 11 DE JUNIO, EL APÓSTOL QUE ANIMA Y ENTUSIASMA


Hoy 11 de junio celebramos a San Bernabé, el Apóstol “que anima y entusiasma”
POR ABEL CAMASCA | ACI Prensa






Este 11 de junio la Iglesia celebra a San Bernabé, considerado Apóstol por los primeros Padres de la Iglesia y por San Lucas debido a la especial misión que el Espíritu Divino le confió.

Bernabé era apreciado por los Apóstoles por ser un “hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y de mucha fe” (Hechos 11,24).

Su verdadero nombre era José, pero los Apóstoles se lo cambiaron por Bernabé, que según San Lucas significa “el que anima y entusiasma”, “el esforzado”. En los Hechos de los Apóstoles (Hech 4) se cuenta que vendió su finca y entregó lo recaudado a los Apóstoles para que sea distribuido entre los pobres.

Colaboró muy de cerca con San Pablo y sus prédicas convirtieron a muchos. Ambos estuvieron en Antioquía por un tiempo, lugar que se transformó en el centro de evangelización y donde por primera vez se llamó cristianos a los seguidores de Cristo.

Los fieles de esta ciudad los enviaron a Jerusalén con una colecta para los que pasaban hambre en Judea.

El Espíritu Santo les encomendó a los dos Apóstoles una misión por medio de los maestros y profetas que adoraban a Dios, recibieron la imposición de manos y partieron acompañados por un tiempo del Evangelista Marcos, primo de Bernabé, a predicar en varios lugares.

Después de recorrer diferentes ciudades, confirmar a los convertidos y ordenar presbíteros, regresaron a Antioquía y luego se realizó el Concilio de Jerusalén en el que se declara que los “gentiles” no tienen el deber de la circuncisión.

Para el segundo viaje misionero, Pablo con Silas y Bernabé con San Marcos toman rumbos diferentes. Más adelante los dos Apóstoles se volvieron a encontrar en las misiones de Corinto.

Se dice que Bernabé murió lapidado por unos judíos envidiosos de las conversiones que obtenía. Sus restos fueron sepultados cerca de Salamina y encontrados en el 488. El Apóstol tenía sobre su pecho el Evangelio de San Mateo, escrito de su propia mano. Posteriormente fue trasladado a Mancheras (Chipre).

miércoles, 11 de junio de 2014

SAN BERNABÉ, APÓSTOL, JUNIO 11


Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Bernabé, Santo
Apóstol, Junio 11

 

Bernabé, Santo
Apóstol

“José, llamado por los Apóstoles Bernabé, que quiere decir hijo de consolación, levita, natural de Chipre, tenía un campo; lo vendió y llevó el dinero a los pies de los Apóstoles”. Así nos lo presentan los Hechos de los Apóstoles. Antiguas fuentes refieren que Bernabé, llamado Apóstol por Los mismos Hechos, aunque no pertenecía a los Doce, fue probablemente uno de los setenta discípulos de los que habla el Evangelio. En todo caso es una figura de primer plano en la fervorosa comunidad cristiana, que se formó en Jerusalén después dePentecostés. Los Apóstoles tenían mucho aprecio a Bernabé y lo escogieron para la evangelización de Antioquía.


Bernabé es el hombre de las grandes intuiciones. En Antioquía se dio cuenta inmediatamente de que ese era un terreno apto para sembrar la palabra de Dios. Fue a decirlo a Jerusalén y pidió la aprobación para ir en busca del neoconvertido Saulo, sacándolo de su retiro en Tarso. Así comenzó su extraordinaria asociación. Después de un año de trabajo, habían logrado tantas conversiones que “hicieron noticia”, como se diría hay en el lenguaje periodístico. Dicen los Hechos de los Apóstoles: “Por primera vez los discípulos tomaron el nombre de cristianos en Antioquía”.


Saulo, que ahora prefería usar el nombre romano de Pablo, y Bernabé, satisfechos por haber abierto el camino al anuncio evangélico entre los paganos, partieron hacia otros lugares. Primera etapa Chipre, patria de Bernabé, que había llevado consigo a su joven primo Juan Marcos, el futuro evangelista. Otra magnifica elección, aunque más tarde, al comienzo del segundo y más peligroso viaje misionero, el joven no estaba muy decidido y Pablo no creyó oportuno cambiar el programa, y prefirió separarse inclusive de Bernabé, que se quedó en Chipre.


Pablo y Bernabé, dos personalidades diferentes, que se complementan mutuamente. En Listra, al final del primer viaje misionero, durante la predicación Pablo notó la presencia de un pobre tullido. “Levántate y camina”, le dijo. Y el tullido quedó curado. “La muchedumbre, al ver lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar: ¡Los dioses en forma humana han bajado hasta nosotros! Y a Bernabé lo llamaban Júpiter, y a Pablo Mercurio, porque era el más elocuente de los dos”. A Bernabé se le atribuye la paternidad de la Carta paulina a los Hebreos y de otro escrito, llamado El Evangelio de Bernabé, ahora perdido. Después que se separó de Pablo, no se tienen más noticias de Bernabé. Escritos apócrifos hablan de un viaje a Roma y de su martirio, hacia el año 70, en Salamina, por mano de los judíos de la diáspora que lo lapidaron.
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