domingo, 26 de julio de 2026

¿CUÁL ES EL TESORO? REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 26 DE JULIO DE 2026

 



 ¿Cuál es el tesoro?


Las breves semejanzas propuestas por la liturgia de hoy son la conclusión del capítulo del Evangelio de Mateo dedicado a las parábolas del reino de Dios (13, 44-52). Entre ellas hay dos pequeñas obras maestras: las parábolas del tesoro escondido en el campo y la perla de gran valor. Ellas nos dicen que el descubrimiento del reino de Dios puede llegar improvisamente como sucedió al campesino, que arando encontró el tesoro inesperado; o bien después de una larga búsqueda, como ocurrió al comerciante de perlas, que al final encontró la perla preciosísima que soñaba desde hacía tiempo.

 

Pero en un caso y en el otro permanece el dato primario de que el tesoro y la perla valen más que todos lo demás bienes, y, por lo tanto, el campesino y el comerciante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder adquirirlos. No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar en ello, de reflexionar: inmediatamente se dan cuenta del valor incomparable de aquello que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

 

Así es para el reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es eso que buscaba, que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡Este es el gran tesoro!

 

Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, quedaron tan conmovidos por Jesús que se convirtieron a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano «al agua de rosas». Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te permite conocer al verdadero Jesús, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí lo dejas todo. Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte.

 

Leer el Evangelio. Ya hemos hablado de esto, ¿lo recordáis? Cada día leer un pasaje del Evangelio; y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera, al alcance de la mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús. Todo adquiere sentido allí, en el Evangelio, donde encuentras este tesoro, que Jesús llama «el reino de Dios», es decir, Dios que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. Esto es lo que Dios quiere, y esto es por lo que Jesús entregó su vida hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y llevarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús y tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo.

 

Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede mantener oculta su fe, porque se transparenta en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más sencillos y cotidianos: se trasluce el amor que Dios nos ha donado a través de Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y a todo el mundo su reino de amor, justicia y paz.

 

Papa Francisco - Ángelus 27 Jul 2014

SANTORAL DE HOY DOMINGO 26 DE JULIO DE 2026

 

Andrés de Phu Yen, BeatoAndrés de Phu Yen, Beato
Mártir Laico, 26 de julio
Vicente Pinilla y Manuel Martín Sierra, BeatosVicente Pinilla y Manuel Martín Sierra, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 26 de Julio
Bartolomea Capitanio, SantaBartolomea Capitanio, Santa
Virgen Fundadora, 26 de julio
Camila Gentilli, BeataCamila Gentilli, Beata
Mártir, 26 de julio
Tito Brandsma, BeatoTito Brandsma, Beato
Presbítero y Mártir, 26 de julio
Amancio Marín Mínguez, BeatoAmancio Marín Mínguez, Beato
Sacerdote y Mártir, 26 de julio
María Pierina de Micheli, BeataMaría Pierina de Micheli, Beata
Religiosa, 26 de julio
Jorge Preca, SantoJorge Preca, Santo
Presbítero Fundador, 26 de julio
San Joaquín y Santa AnaSan Joaquín y Santa Ana
Los padres de la Virgen María, 26 de julio

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA, PADRES DE LA VIRGEN MARÍA 26 DE JULIO

 



 San Joaquín y Santa Ana

Los padres de la Virgen María, 26 de julio

Por: P. Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net



Un  matrimonio santo

Martirologio Romano: Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos. Cristianismo


Breves Biografías

San Joaquín

Joaquín (Yahvé prepara) fue el padre de la Virgen María, madre de Dios. Según San Pedro Damián, deberíamos tener por curiosidad censurable e innecesaria el inquirir sobre cuestiones que los evangelistas no tuvieron a bien relatar, y, en particular, acerca de los padres de la Virgen.

Con todo, la tradición, basándose en testimonios antiquísimos y muy tempranamente, saludó a los santos esposos Joaquín y Ana como padre y madre de la Madre de Dios.

Ciertamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador; este origen es normal que levantara sospechas bastante fundadas.

No debería olvidarse, sin embargo, que el carácter apócrifo de tales escritos, es decir, su exclusión del canon y su falta de autenticidad no conlleva el prescindir totalmente de sus aportaciones.

En efecto, a la par que hechos poco fiables y legendarios, estas obras contienen datos históricos tomados de tradiciones o documentos fidedignos; y aunque no es fácil separar el grano de la paja, sería poco prudente y acrítico rechazar el conjunto indiscrimadamente.

Algunos comentaristas, que opinan que la genealogía aportada por San Lucas es la de la Virgen, hallan la mención de Joaquín en Helí (Lucas, 3, 23; Eliachim, es decir, Jeho-achim), y explican que José se había convertido a los ojos de la ley, a fuer de su matrimonio, en el hijo de Joaquín. Que esa sea el propósito y la intención del evangelista es más que dudoso, lo mismo que la identificación propuesta entre los dos nombres Helí y Joaquín.

Tampoco se puede afirmar con certeza, a pesar de la autoridad de los Bollandistas, que Joaquín fuera hijo de Helí y hermano de José; ni tampoco, como en ocasiones se dice a partir de fuentes de muy dudoso valor, que era propietario de innumerables cabezas de ganado y vastos rebaños.

Más interesantes son las bellas líneas en las que el Evangelio de Santiago describe, cómo, en su edad provecta, Joaquín y Ana hallaron respuesta a sus oraciones en favor de tener descendencia.

Es tradición que los padres de Santa María, que aparentemente vivieron primero en Galilea, se instalaron después en Jerusalén; donde nació y creció Nuestra Señora; allí también murieron y fueron enterrados.

Una iglesia, conocida en distintas épocas como Santa María, Santa María ubi nata est, Santa María in Probática, Sagrada Probática y Santa Ana fue edificada en el siglo IV, posiblemente por Santa Elena, en el lugar de la casa de San Joaquín y Santa Ana, y sus tumbas fueron allí veneradas hasta finales del siglo IX, en que fue convertida en una escuela musulmana.

La cripta que contenía en otro tiempo las sagradas tumbas fue redescubierta en 1889. San Joaquín fue honrado muy pronto por los griegos, que celebran su fiesta al día siguiente de la de la Natividad de Ntra. Señora. Los latinos tardaron en incluirlo en su calendario, donde le correspondió unas veces el 16 de septiembre y otras el 9 de diciembre.

Asociado por Julio II [el de la capilla Sixtina] al 20 de marzo, la solemnidad fue suprimida unos cinco años después, restaurada por Gregorio XV (1622), fijada por Clemente XII (1738) en el domingo posterior a la Asunción, y fue finalmente León XIII [el de la Rerum Novarum] quien, el 1 de agosto de 1879, dignificó la fiesta de estos esposos que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica.


Santa Ana

Ana (del hebreo Hannah, gracia) es el nombre que la tradición ha señalado para la madre de la Virgen. Las fuentes son las mismas que en el caso de San Joaquín. Aunque la versión más antigua de estas fuentes apócrifas se remonta al año 150 d.C., difícilmente podemos admitir como fuera de toda duda sus variopintas afirmaciones con fundamento en su sola autoridad.

En Oriente, el Protoevangelio gozó de gran autoridad y de él se leían pasajes en las fiestas marianas entre los griegos, los coptos y los árabes. En Occidente, sin embargo, como ya te adelanté con San Joaquín, fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que su contenido fue incorporado por San Jacobo de Vorágine a su Leyenda Áurea en el siglo XIII.

A partir de entonces, la historia de Santa Ana se divulgó en Occidente y tuvo un considerable desarrollo, hasta que Santa Ana llegó a convertirse en uno de los santos más populares también para los cristianos de rito latino.

El Protoevangelio aporta la siguiente relación: En Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando con ocasión de cierto día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos.

Joaquín entonces, transido de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio.

Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: "Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo". El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam.

Dado que esta narración parece reproducir el relato bíblico de la concepción del profeta Samuel, cuya madre también se llamaba Hannah, la sombra de la duda se proyecta hasta en el nombre de la madre de María.

El célebre Padre John de Eck de Ingolstadt, en un sermón dedicado a Santa Ana (pronunciado en París en 1579), aparenta conocer hasta los nombres de los padres de Santa Ana. Los llama Estolano (Stollanus) y Emerencia (Emerentia).

Afirma que la santa nació después de que Estolano y Emerencia pasaran veinte años sin descendencia; que San Joaquín murió poco después de la presentación de María en el templo; que Santa Ana casó después con Cleofás, del cual tuvo a María de Cleofás; la mujer de Alfeo y madre de los apóstoles Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo, así como de José el Justo.

Después de la muerte de Cleofás, se dijo que casó con Salomas, de quien trajo al mundo a María Salomé (la mujer de Zebedeo y madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor).

La misma leyenda espuria se halla en los textos de Gerson y en los de muchos otros. Allí surgió en el siglo XVI una animada controversia sobre los  matrimonios de Santa Ana, en la que Baronio y Belarmino defendieron su monogamia.

En Oriente, al culto a Santa Ana se le puede seguir la pista hasta el siglo IV. Justiniano I hizo que se le dedicara una iglesia. El canon del oficio griego de Santa Ana fue compuesto por San Teófanes, pero partes aún más antiguas del oficio son atribuidas a Anatolio de Bizancio.

Su fiesta se celebra en Oriente el 25 de julio, que podría ser el día de la dedicación de su

primera iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a esta ciudad (710).

Aparece ya en el más antiguo documento litúrgico de la Iglesia Griega, el Calendario de

Constantinopla (primera mitad del siglo VIII). Los griegos conservan una fiesta común de San Joaquín y Santa Ana el 9 de septiembre.

En la Iglesia Latina, Santa Ana no fue venerada, salvo, quizás, en el sur de Francia, antes del siglo XIII. Su imagen, pintada en el siglo

VIII y hallada más tarde en la Iglesia de Santa María la Antigua de Roma, acusa la influencia bizantina.

Su fiesta, bajo la influencia de la Leyenda Áurea, se puede ya rastrear (26 de julio) en el siglo XIII, en Douai. Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI el 21 de noviembre de 1378, y a partir de entonces se extendió a toda la Iglesia occidental. Pasó a la Iglesia Latina universal en 1584.

Santa Ana es la patrona de Bretaña. Su imagen milagrosa (fiesta, 7 de marzo) es venerada en Notre Dame d´Auray, en la diócesis de Vannes.

También en Canadá -donde es la patrona principal de la provincia de Québec- el santuario de Santa Ana de Beaupré es muy famoso.

Santa Ana es patrona de las mujeres trabajadoras; se la representa con la Virgen María en su regazo, que también lleva en brazos al Niño Jesús. Es además la patrona de los mineros, que comparan a  Cristo con el oro y con la plata a María.

PAPA LEÓN XIV PIDE PRUDENCIA EN EL USO DE LA IA PORQUE PUEDE PROYECTAR UN MUNDO IRREAL

 



León XIV pide prudencia en el uso de la IA porque puede proyectar “un mundo irreal”

Daniel Ibáñez / EWTN News.-Victoria Cardiel

26 de julio de 2026



El Papa León XIV alentó a los jóvenes a usar con prudencia las redes sociales y la inteligencia artificial (IA) porque "pueden sumergirnos en un mundo irreal".

En un mensaje de vídeo enviado a los participantes del Festival Halleluya 2026, que concluye este domingo en Fortaleza, en Brasil, el Pontífice propuso como modelo para las nuevas generaciones a San Carlo Acutis, conocido por haber utilizado las tecnologías digitales para evangelizar.

Tomando como referencia su ejemplo, León XIV —que en mayo publicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, sobre la IA—aconsejó a los jóvenes utilizar adecuadamente tanto las redes sociales como la inteligencia artificial.

“Les aconsejo utilizar bien las redes sociales y la inteligencia artificial, usando de forma moderada y disciplinada estos instrumentos, porque pueden sumergirnos en un mundo irreal, en el que lo efímero, la mera apariencia y el engaño terminan ocupando el lugar de los verdaderos valores y de lo que realmente importa”, advirtió.

Dirigiéndose a los asistentes de este encuentro de evangelización juvenil, que combina música, alabanza y adoración, el Pontífice destacó los frutos espirituales que ha dado esta iniciativa a lo largo de los años, mencionando “confesiones, conversiones, vocaciones sacerdotales y religiosas”.

“Hoy, quisiera decir nuevamente cuán bueno es estar con los jóvenes. Su entusiasmo contagia y despierta en todos nosotros un renovado ardor apostólico”, afirmó el Santo Padre.

Asimismo, constató que los jóvenes católicos poseen “un vigor misionero indispensable para transformar este mundo, que tanto necesita del Evangelio”.

Por ello, los exhortó con fuerza: “¡Nunca pierdan este ardor misionero!”.

El Papa subrayó que todavía hay muchas personas que necesitan descubrir que Cristo responde a las aspiraciones más profundas del ser humano. En este contexto, invitó a los jóvenes a proclamar sin miedo la fe cristiana.

“Proclamen con valentía que una vida sin Cristo es una vida sin gracia. Él es el Camino, la Verdad y la Vida”, aseguró, citando el Evangelio de San Juan.

León XIV retomó una de las expresiones más conocidas de San Juan Pablo II para invitar a los jóvenes a confiar plenamente en el Señor.

“No tengan miedo de Cristo. Él no quita nada, lo da todo”, afirmó. Y añadió que quien se entrega al Salvador “recibe cien veces más” y “sale siempre vencedor”.

Finalmente, pidió que el Espíritu Santo reavive en los jóvenes un amor capaz de transformar su juventud en una fuerza evangelizadora y los convierta en “piedras vivas” para la construcción de una “ciudad de la paz”.

Antes de concluir, impartió su bendición apostólica a todos los participantes y organizadores del Festival Halleluya: “Que Dios los acompañe siempre”. 

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 26 DE JULIO DE 2026

 



 Domingo 17 (A) del tiempo ordinario

Domingo 26 de julio de 2026



1ª Lectura (1Re 3,5.7-12): En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pideme lo que quieras». Respondió Salomón: «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?».

Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti».



Salmo responsorial: 118

R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.


Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad.


Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira.


Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.

2ª Lectura (Rom 8,28-30): Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11,25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 13,44-52): En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

»También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

»¿Habéis entendido todo esto?». Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo».



«Un tesoro escondido en un campo (...); un mercader que anda buscando perlas finas»

Rev. D. Enric PRAT i Jordana

(Sort, Lleida, España)



Hoy, el Evangelio nos quiere ayudar a mirar hacia dentro, a encontrar algo escondido: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo» (Mt 13,44). Cuando hablamos de tesoro nos referimos a algo de valor excepcional, de la máxima apreciación, no a cosas o situaciones que, aunque amadas, no dejan de ser fugaces y chatarra barata, como son las satisfacciones y placeres temporales: aquello con lo que tanta gente se extenúa buscando en el exterior, y con lo que se desencanta una vez encontrado y experimentado.


El tesoro que propone Jesús está enterrado en lo más profundo de nuestra alma, en el núcleo mismo de nuestro ser. Es el Reino de Dios. Consiste en encontrarnos amorosamente, de manera misteriosa, con la Fuente de la vida, de la belleza, de la verdad y del bien, y en permanecer unidos a la misma Fuente hasta que, cumplido el tiempo de nuestra peregrinación, y libres de toda bisutería inútil, el Reino del cielo que hemos buscado en nuestro corazón y que hemos cultivado en la fe y en el amor, se abra como una flor y aparezca el brillo del tesoro escondido.


Algunos, como san Pablo o el mismo buen ladrón, se han topado súbitamente con el Reino de Dios o de manera impensada, porque los caminos del Señor son infinitos, pero normalmente, para llegar a descubrir el tesoro, hay que buscarlo intencionadamente: «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas» (Mt 13,45). Quizá este tesoro sólo es encontrado por aquellos que no se dan por satisfechos fácilmente, por los que no se contentan con poca cosa, por los idealistas, por los aventureros.


En el orden temporal, de los inquietos e inconformistas decimos que son personas ambiciosas, y en el mundo del espíritu, son los santos. Ellos están dispuestos a venderlo todo con tal de comprar el campo, como lo dice san Juan de la Cruz: «Para llegar a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada».

FELIZ DOMINGO!!!

 





 

domingo, 19 de julio de 2026

LA PACIENCIA DE DIOS-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026

 



 La paciencia de Dios


La página evangélica de hoy propone tres parábolas con las cuales Jesús habla a las masas del Reino de Dios. Me detengo en la primera: la del grano bueno y la cizaña , que ilustra el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf. Mateo 13, 24-30. 3643). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de nosotros puede decir esto: «¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!».

 

La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por una parte el dueño del campo que representa a Dios y esparce la semilla buena; por otra el enemigo que representa a Satanás y esparce la hierba mala. Con el pasar del tiempo, en medio del grano crece también la cizaña y ante este hecho el dueño y sus siervos tienen actitudes distintas. Los siervos querrían intervenir arrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo por salvar el grano, se opone diciendo: «no, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo» (v. 29). 

 

Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, en el cual se cumple el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal. Y en este campo se trata entonces de combinar, con gran confianza en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia . La decisión es la de querer ser buen grano —todos lo queremos con todas nuestras fuerzas, y entonces alejarse del maligno y de sus seducciones. La paciencia significa preferir una Iglesia que es levadura en la pasta, que no teme ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia de «puros», que pretende juzgar antes del tiempo quién está en el Reino y quién no.

 

El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos: «Estos son los buenos, estos son los malos». Él nos dice que la línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es decir : todos somos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque siempre necesitamos ser perdonados por nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que está fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que está también en nosotros.

 

Y luego Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no son nuestros tiempos— y también la «mirada» de Dios: gracias al influjo benéfico de una trepidante espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza!

 

La Virgen María nos ayude a percibir en la realidad que nos rodea no solo la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bonito; a desenmascarar la obra de Satanás, pero sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la historia.

(Papa Francisco – Ángelus 23 Jul 2017)

SANTORAL DE HOY DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026

Santoral

Macrina la Joven, Santa
Virgen, 19 de julio ...

DIOS EN LAS CANCHAS DE FÚTBOL

 



 Dios en las canchas de fútbol

Impresiones de Daniel Pighín: 14 años como jugador de primera división, en Argentina y México.

Fuente: OpusDei.org



El deporte es un ámbito en el que Dios también juega un papel importante. Así lo deja caer Daniel Pighín, al mirar su experiencia de 14 años como jugador profesional de fútbol. Jugó en primera división en Colón de Santa Fe; Gimnasia y Esgrima de La Plata; Atlas, de México; Rosario Central y Estudiantes de La Plata. SantoralDiario


Está casado con Marisa desde hace 22 años y tiene tres hijos: Sebastián, Santiago y Ana Clara. Desde hace años, cuando metía goles en primera división, Daniel es supernumerario del Opus Dei.  


En esta entrevista, Daniel nos cuenta anécdotas e impresiones de cómo Dios está en la cancha, en los entrenamientos, dando motivación y sentido al esfuerzo y haciéndose presente en la amistad.


¿Cómo es el ambiente del fútbol? 

En el ambiente del fútbol hay de todo, como en todos los ambientes. Recuerdo a un compañero, que hoy en día trabaja como director técnico de un equipo de fútbol, al que invité a una meditación que daba un sacerdote del Opus Dei y que luego terminó confesándose con el sacerdote. Me agradeció mucho que lo hubiera invitado. “Me saqué como un camión”, fue lo que me dijo luego. 


¿De tu época de jugador recuerdas alguna anécdota apostólica, de acercar a Dios a tus colegas?

Sí, como es lógico todo empieza con la amistad. En las concentraciones que hacemos antes de un partido uno comparte la habitación con alguno de los compañeros de equipo. Se da la perfecta oportunidad para hablar de Dios o recomendar algún libro. En cierta ocasión recuerdo que le di a un compañero “Camino” o “Amigos de Dios”, de San Josemaría. Más tarde, en una  entrevista que le hicieron le preguntaron  por un libro de su preferencia y él mencionó, justamente, el que le había dado.

En otra ocasión, cuando jugaba en Estudiantes de la Plata, estábamos por irnos al descenso. Les propuse a mis compañeros de equipo que un sacerdote amigo podía celebrar una misa pidiendo por que no descendiéramos. No faltó ni uno. A pesar de que no logramos eludir el descenso, pienso que fue de gran provecho para todos.

Recuerdo también que antes de un partido Estudiantes contra River, un partido importante que iba a ser televisado, el equipo entró en concentración. Compartía la habitación con un compañero más joven, de unos 22 años. Aproveché la situación para hablarle de acercarse más a Dios. Luego de un tiempo, cuando mi compañero regresaba de unos días de haber estado con su familia, el auto en el que viajaba dio un vuelco y murió. Cuando fui a su velorio me encontré con su esposa y cuando me vio me agradeció mucho que le hubiera hablado de Dios; me dijo que él se lo había contado. Si no le hubiera hablado en aquella concentración, nunca más habría tenido la oportunidad. Eso me hizo ver que hay muchas cosas que Dios pone en nuestras manos y depende de nosotros el que las pongamos en marcha.

En otro momento, cuando estaba jugando en  México, solía hacer romerías (ir caminando a rezar el Rosario a un santuario de la Virgen) con mis compañeros de equipo y asistíamos a charlas de formación espiritual. Entre ellos estaba el arquero del plantel, que terminó siendo el mejor de la temporada y fue posteriormente  convocado a la selección uruguaya.


¿Cómo buscar la santidad en el deporte?

Daniel (izquierda) durante el día del deporte de la universidad donde trabaja

Se trata de ser muy buen profesional, romperse por hacer las cosas bien y contar con Dios. Ser profesional en el entrenamiento, ser buen compañero, pelear por los derechos que uno tiene como jugador, transpirar hasta la última gota y alentar a los otros, jugar un partido a morir, a ganar. Ese es mi trabajo: dar todo.

En fin, hacer muy bien tus cosas sabiendo que, en definitiva, el éxito está en dar lo mejor de uno aunque el resultado pueda ser adverso. Por ejemplo, cuando jugaba, mi puesto era el de volante central; iba fuerte porque esa era mi función, y lo hacía con tranquilidad y paz. No regalaba nada al rival, pero siempre con buena intención.


¿En qué se advierte el espíritu deportivo?

La deportividad está en intentar una y otra vez, seguir adelante, no desalentarse, dar vuelta el partido. Hay que hacer todo lo que se puede, y lo demás dejarlo en manos de Dios. Para esto es necesario tener más visión sobrenatural, más presencia de Dios, sentirnos sus hijos y apostar por la esperanza. Necesitamos una fe gorda que pese hasta en los bolsillos y que golpee cuando uno habla. 


¿Qué virtudes requiere el deporte?

El deporte es un  generador de virtudes. Virtudes como la amistad, el espíritu de sacrificio, la sinceridad, la alegría, la generosidad, la honestidad, la fe… Si uno quiere ejercitar la fe, podemos encontrarla en cada minuto. Hay cosas en el fútbol que salen porque uno sabe cómo hacerlas. Hay otras que salen porque Dios quiere que salgan. Por ejemplo, sucede cuando das un pase que de pronto le llega a un jugador distinto del que habías pensado al principio y finalmente la jugada termina en un gol. A veces uno se da cuenta que hubo mucha ayuda de arriba.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026

 



 Domingo 16 (A) del tiempo ordinario

Domingo 19 de julio de 2026



1ª Lectura (Sab 12,13.16-19): Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.



Salmo responsorial: 85

R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia, con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica.


Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios».


Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

2ª Lectura (Rom 8,26-27): El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11,25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 13,24-43): En aquel tiempo, Jesús propuso a las gentes otra parábola, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.


»Los siervos del amo se acercaron a decirle: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?’. Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto’. Dícenle los siervos: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’. Díceles: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero’».


Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».


Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».


Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: «Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo».


Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».



«Algún enemigo ha hecho esto»

P. Ramón LOYOLA Paternina LC

(Barcelona, España)



Hoy, Cristo. Siempre, Cristo. De Él venimos; de Él vienen todas las buenas semillas sembradas en nuestra vida. Dios nos visita —como dice el Kempis— con la consolación y con la desolación, con el sabor dulce y el amargo, con la flor y la espina, con el frío y el calor, con la belleza y el sufrimiento, con la alegría y la tristeza, con el valor y con el miedo... porque todo ha quedado redimido en Cristo (Él también tuvo miedo y lo venció). Como nos dice san Pablo, «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rom 8,28).


Todo esto está bien, pero... existe un misterio de iniquidad que no procede de Dios y que nos sobrepasa y que devasta el jardín de Dios que es la Iglesia. Y quisiéramos que Dios fuese “como” más poderoso, que estuviese más presente, que mandase más y no dejase actuar esas fuerzas desoladoras: «¿Quieres, pues, que vayamos a recoger [la cizaña]?» (Mt 13,28). Esto lo decía el Papa San Juan Pablo II en su último libro Memoria e identidad: «Sufrimos con paciencia la misericordia de Dios», que espera hasta el último momento para ofrecer la salvación a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de su misericordia: «Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega» Mt 13,30. Y como es el Señor de la vida de cada persona y de la historia de la humanidad, mueve los hilos de nuestras existencias, respetando nuestra libertad, de modo que —junto con la prueba— nos da la gracia sobreabundante para resistir, para santificarnos, para ir hacia Él, para ser ofrenda permanente, para hacer crecer el Reino.


Cristo, divino pedagogo, nos introduce en su escuela de vida a través de cada encuentro, cada acontecimiento. Sale a nuestro paso; nos dice —No temáis. Ánimo. Yo he vencido al mundo. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin (cf. Jn 16,33; Mt 28,20). Nos dice también: —No juzguéis; más bien —como yo— esperad, confiad, rezad por los que yerran, santificadlos como miembros que os interesan mucho por ser de vuestro propio cuerpo.

FELIZ DOMINGO!!!!

 




 

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