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lunes, 28 de marzo de 2022

EL PAPA FRANCISCO ASEGURA QUE DIOS NO SABE PERDONAR SIN HACER UNA FIESTA



El Papa asegura que “Dios no sabe perdonar sin hacer una fiesta”

POR ALMUDENA MARTÍNEZ-BORDIÚ | ACI Prensa

 Crédito: Vatican Media


Durante el rezo del Ángelus este domingo 27 de marzo, al que acudieron 30 mil personas, el Papa Francisco destacó que, al igual que el padre del Hijo Pródigo, Dios “perdona siempre”, y aseguró que no sabe hacerlo “sin hacer una fiesta”. 

Al reflexionar en el pasaje del Evangelio de este domingo de San Lucas, el Santo Padre dijo que “Dios siempre perdona con compasión y ternura”, y que somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pues el nunca de cansa de perdonarnos

Meditando acerca de la parábola del Hijo Pródigo, señaló que “el problema del hijo mayor consiste en basar su relación con el Padre en la pura observancia de los mandatos, en el sentido del deber. Vivir una religión distante, hecha de deberes y prohibiciones, es un problema que puede afectar a cualquiera de nosotros”. 

A continuación, aseguró que “la consecuencia de esta distancia es la rigidez hacia el prójimo, que ya no se ve como un hermano. En la parábola, de hecho, el hijo mayor no le dice al Padre hermano mío, sino hijo tuyo. Y al final, es él quien se arriesga a quedarse fuera de la casa”. 

El Papa Francisco defendió que “es necesario celebrar, mostrar la cercanía a los que están en crisis o alejados, ayudándoles así a superar el miedo y el desánimo derivados del recuerdo de sus errores”.

“Los que han hecho el mal se sienten a menudo reprobados por su propio corazón; la distancia, la indiferencia y las palabras urticantes no ayudan. Por eso, según el Padre, es necesario ofrecerle una cálida bienvenida, que le anime a seguir adelante. ¿Y lo hacemos? ¿Buscamos a los que están lejos, queremos celebrarlo con ellos?”, animó el Papa a preguntarse.  

“Cuánto bien puede hacer un corazón abierto, una escucha verdadera, una sonrisa transparente; hacer que la gente se sienta feliz, no incómoda. Dios no puede perdonar sin hacer fiesta”, aseguró. 

Asimismo, el Papa explicó que “quien tiene un corazón en sintonía con Dios, cuando ve el arrepentimiento de una persona, por muy graves que hayan sido sus errores, se alegra. No se queda quieto ante los errores, no señala con el dedo el mal, sino que se alegra del bien, porque el bien del otro es también el mío”.  


La alegría de la vuelta a casa 

El Papa recordó  también la historia de una “obra de arte pop” de hace unos años inspirada en la historia del Hijo Pródigo, en la que un amigo dijo al hijo que se había escapado de casa que escribiera una carta al Padre preguntándole si de verdad se alegraría en caso de volver arrepentido. 

En la carta, el hijo le pidió que, si así fuera, sacara un pañuelo blanco por uno de los balcones de la casa. Y cuando el hijo se acercó a la casa de su padre, vio que no sólo había un pañuelo, sino que de todas las ventanas colgaban pañuelos blancos. “El Padre nos recibe así, con plenitud y alegría”, dijo el Papa. 

Saludos y aniversario del Urbi et Orbi por el fin de la pandemia

Al concluir, el Santo Padre saludó a los participantes de la maratón de Roma y explicó que “este año, desde Athletica Vaticana, muchos atletas se han comprometido con iniciativas de solidaridad para ayudar a los más necesitados”. 

También recordó el aniversario de dos años de la bendición extraordinaria Urbi et Orbi para pedir el fin de la pandemia. 

“Hace dos años, en esta plaza, elevamos la súplica por el fin de la pandemia. Hoy lo hemos hecho por el fin de la guerra en Ucrania”. 

“A la salida de la plaza, les ofrecerán un libro de la comisión vaticana covid19 y el dicasterio de la Comunicación, para invitarles a rezar en los momentos de dificultad, sin miedo, teniendo siempre fe en el Señor”, concluyó. 


A continuación, el Evangelio comentado por el Santo Padre: 

Evangelio según Lucas 

Lc 15, 1-3. 11-32 

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”. 

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes. 

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera. 

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’. 

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’. 

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete. 

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar. 

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’. 

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ ”.   

domingo, 20 de marzo de 2022

MEDITACIÓN DEL III DOMINGO DE CUARESMA - 20 DE MARZO DE 2022



Señor, déjala este año todavía (Lucas 13, 1-9)

Semana III del Tiempo de Cuaresma - 20 de marzo de 2022


El llamado a la conversión con el cual se abrió este tiempo cuaresmal se hace más insistente en el Evangelio de este III Domingo de Cuaresma. En efecto, dos veces repite Jesús la advertencia: "Si no os convertís, pereceréis todos". Nadie quiere perecer; la condición imperiosa indicada por Jesús para escapar a esta desgracia que amenaza a todos es la conversión.

Veamos en qué circunstancias formuló Jesús esa advertencia. El Evangelio de hoy se abre con estas palabras: "En aquel mismo momento llegaron donde Jesús algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios". En esta introducción hay una clara acentuación de la circunstancia de tiempo: "En aquel mismo momento...". No da lo mismo que estos mensajeros hayan llegado en este momento o en cualquier otro. El hecho de que hayan llegado en este preciso momento dará mayor realce a la enseñanza de Jesús. Esto nos lleva a investigar qué ocurría en ese preciso momento.

En ese momento Jesús estaba exhortando a la gente a discernir los signos de los tiempos. Les decía que así como son tan hábiles para discernir los signos atmosféricos que anuncian la lluvia o la sequía, así mismo deberían saber discernir el momento histórico que se vive: si Dios ha fijado un tiempo a la vida de la humanidad en esta tierra, ¿en qué momento de ese tiempo nos encontramos hoy?; si Dios ha fijado un tiempo a mi propia vida, ¿en qué momento de ese tiempo me encuentro hoy? Y para hacer sentir la urgencia de cambiar de vida hoy -no mañana, porque mañana sería demasiado tarde-, les propuso esta analogía: "Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura arreglarte con él por el camino" (Lc 12,58). El "camino" es claramente una metáfora del desarrollo de nuestra vida; ¡hay que convertirse antes de que ella llegue a su término! Sigue advirtiendo Jesús, dentro de su analogía: "De lo contrario, te arrastrará al juez, el juez te entregará al alguacil y el alguacil te meterá en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo" (Lc 12,58-59). Se trata de alguien que merece ser condenado porque ha cometido un grave fraude; a éste urge reconocer su delito y ponerse bien con su acusador antes de ser sometido a juicio.

Esto estaba enseñando Jesús cuando le llegaron con el cuento de aquellos galileos a quienes había sorprendido una muerte tan injusta e inesperada mientras ofrecían sacrificios: "Pilato mezcló su sangre con la de sus sacrificios". En el contexto de lo que Jesús estaba enseñando podría concluirse que esos galileos eran especialmente culpables y que llegaron al fin del camino antes de arreglar sus cuentas con Dios; su muerte habría sido el castigo por sus pecados. Pero Jesús rechaza esta conclusión: "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, pereceréis todos del mismo modo". Y para reafirmar esta misma conclusión Jesús agrega otro caso, también conocido por sus oyentes: "O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo".

Jesús asegura que esos galileos no eran más pecadores que todos los demás galileos, sino que eran igualmente pecadores que todos los demás galileos; y que esos dieciocho no eran más pecadores que todos los demás habitantes de Jerusalén, sino que eran igualmente pecadores que todos los demás habitantes de Jerusalén. Es decir, que todos somos pecadores y todos merecemos ser condenados y perecer igual que aquéllos. La única forma de escapar a esa desgracia que merecemos, es la conversión.

La condición previa de toda conversión es reconocer que somos pecadores y que merecemos la condenación por nuestros pecados. Esto lo reconocía ya David; se reconoce pecador desde el primer instante de su existencia: "Mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Y si alguien, después de examinar su vida no se encontrara pecador, es que ha perdido la delicadeza de conciencia y está fuera de la verdad, pues la Escritura enseña: "El justo peca siete veces" (Prov 24,16).

La segunda condición de la conversión es el dolor del pecado cometido y reconocido. El Catecismo enseña que "la conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables llamada 'aflicción de espíritu' o 'arrepentimiento del corazón'" (N. 1431). Este dolor proviene de la consideración del amor de Dios al que pecando hemos ofendido: "Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron" (Catecismo, N. 1432).

La tercera condición es el firme propósito de enmienda, es decir, "una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de la gracia" (N. 1431).

En la segunda parte del Evangelio Jesús presenta una parábola en la cual se nos enseña que todavía tenemos un tiempo para convertirnos. El dueño de una higuera, que hace tres años que no da fruto, ordena que sea cortada: "¿Para qué va a cansar la tierra?". Pero el viñador intercede pidiéndole tener paciencia un año más: "Señor, déjala este año todavía; si no da fruto, la cortas". Ahora es el tiempo de la paciencia de Dios, como enseña la segunda epístola de Pedro: "Dios usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión" (2Ped 3,9).


Felipe Bacarreza Rodriguez

Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile) 

domingo, 27 de febrero de 2022

6 CONSEJOS PARA VIVIR BIEN LA CUARESMA



 6 consejos prácticos para vivir bien la Cuaresma

Redacción ACI Prensa




La Cuaresma, que este año inicia el 2 marzo, es un tiempo litúrgico de conversión en la que todo cristiano se prepara espiritualmente para vivir la Semana Santa.

Durante este tiempo especial de purificación, los católicos nos arrepentimos de nuestros pecados y nos comprometemos a cambiar algo de nosotros para vivir cada vez más cerca de Cristo.

Shaun McAfee, laico dominico con una Maestría en Teología Dogmática, y autor de diversos libros que ayudan a la formación espiritual de los católicos, ofreció en el National Catholic Register seis consejos prácticos para ayudarte a vivir bien esta Cuaresma.


1. Encuentra algo para renunciar

La Cuaresma es nuestro tiempo especial de penitencia. Se trata de sacrificio, dirigir nuestra atención y devoción a honrar a Cristo, que voluntariamente se sacrificó por nuestro bien.

Una forma de hacerlo es encontrando algo a lo que renunciar. No tiene que ser demasiado austero, ni tampoco tiene que ser único para este año, puede ser algo simple, incluso algo a lo que hayas renunciado cada Cuaresma en el pasado.

Una buena regla de medida es renunciar a algo de lo que dependes, como puede ser un antojo, un acto habitual o alguna cosa que te facilita hacer algo. Solo recuerda que no se trata de renunciar a algo que ya es pecaminoso, pues el pecado es algo a lo que debes renunciar para siempre.

Algunos ejemplos pueden ser renunciar a usar tu almohada; desactivar la opción que te permite repetir la alarma de tu celular, de modo que te obligue a levantarte al primer timbrado en lugar de seguir durmiendo; dejar de consumir cualquier tipo de alcohol o chocolate; o renunciar a los baños de burbujas.

Toma nota de estas cosas en tu vida y elige una o varias cosas a las que renunciar en esta Cuaresma. Si no se te ocurre nada, responde este cuestionario en inglés.


2. Realiza una acción concreta o devoción

Además de los pequeños actos de renuncia, no como sustitución, muchos católicos también eligen comprometerse y realizar un acto o devoción específicos.

Por ejemplo, dar limosna, ser voluntario, dedicar tiempo a la Adoración Eucarística, practicar la devoción al Rosario o rezar la coronilla de la Divina Misericordia son prácticas comunes y alentadoras muy recomendables. En conclusión, sea devoto y abierto a realizar una obra de misericordia corporal o espiritual durante la Cuaresma.


3. Realiza una peregrinación si es posible

Existen numerosos lugares católicos de peregrinación en los cinco continentes, sin embargo, debido a las restricciones de viaje que hay en varios países por la pandemia, es recomendable buscar destinos de peregrinación en la localidad donde se reside.

Es importante recordar que debido a la pandemia del COVID-19, muchas peregrinaciones se han suspendido y algunos países aún se encuentran bajo medidas de aislamiento social, y por tanto, los fieles no pueden visitar los templos o no pueden realizar ciertas actividades turísticas. Por esto, es importante tomar este consejo con la debida prudencia y de acuerdo al contexto.


4. Planifica con anticipación

Planifique todas las actividades que se realizará durante este tiempo con antelación, de modo que pueda participar de las Misas de precepto o realizar el ayuno y abstinencia necesarios durante Semana Santa.

Por ejemplo, no programe esa noche de hamburguesas y cerveza en su casa en Viernes de Cuaresma. Recuerde que este día está obligado a abstenerse de consumir carnes, así que piénselo dos veces antes de organizar una cena en un restaurante especializado en carnes y parrillas o confirmar su asistencia a alguna reunión similar.


5. Realice el Vía Crucis

El Vía Crucis sigue siendo un ritual importante para reflexionar sobre la Pasión y el sacrificio en la Cruz de Nuestro Señor, especialmente durante la Cuaresma. Esta actividad también requiere planificarse con anticipación, pero también es importante manejar sus expectativas.

Quizás el día que planificó el Vía Crucis quiera ver el partido de fútbol que comienza a las 6 p.m. o quizás justo se estrena el capítulo de su serie favorita; sin embargo, va a tener que hacer sacrificios para dedicar tiempo a rezar. Si planifica realizar el Vía Crucis todos los viernes de Cuaresma, dígaselo a su familia para ayudarlos a aclarar sus horarios también.


6. Céntrese en lo importante

En Semana Santa suelen aumentar las ofertas para comer pescado en muchas localidades. Si bien la comida siempre es una gran oportunidad para el compañerismo, e incluso, la idea de acudir a estos restaurantes podría ayudar a los pequeños comerciantes locales o a iniciativas de recaudación de fondos para alguna causa solidaria, es importante ser prudente.

Recuerde que la Cuaresma es una temporada de penitencia y comer pescado es una conmemoración del contexto de sacrificio de este tiempo litúrgico. No se atiborre con un festín como un glotón. Sea solemne, sea sacrificado y sea penitencial. Tenga por seguro que vivirá y será más feliz este tiempo si está sincronizado con lo que nuestra Iglesia nos invita a vivir.

Solo en caso sea posible, es muy recomendable ir a Misa diaria, rezar el Rosario diario con sus hijos, venerar reliquias e iconografía católica presente en su localidad, ver menos televisión, estar menos tiempo en las redes sociales o frente a la pantalla de su celular, y pasar más tiempo en familia y oración diaria con su cónyuge. 

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