domingo, 21 de junio de 2015

LOS SANTOS DE HOY: DOMINGO 21 DE JUNIO DEL 2015

Radulfo de Bourges, SantoRadulfo de Bourges, Santo
Obispo, 21 de junio
LázaroLázaro
Personaje ficticio, 21 de junio
Tomás de Orvieto, BeatoTomás de Orvieto, Beato
Sacerdote Servita, 21 de junio
José Isabel Flores Varela, SantoJosé Isabel Flores Varela, Santo
Sacerdote Mártir Mexicano, 21 de junio
Juan Rigby, SantoJuan Rigby, Santo
Mártir laico, 21 de junio
Inocencio de Mérida, SantoInocencio de Mérida, Santo
Obispo, 21 de junio
Luis Gonzaga, SantoLuis Gonzaga, Santo
Religioso, 21 de junio

EL EVANGELIO DE HOY: DOMINGO 21 DE JUNIO DEL 2015


domingo 21 Junio 2015
Duodécimo Domingo del tiempo ordinario


San Luis Gonzaga, Santa María Anna Cope 



Leer el comentario del Evangelio por 
Una antigua homilía griega: «¿Por qué tenéis miedo?» 

Job 38,1.8-11.
El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo: 
¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salía a borbotones del seno materno, 
cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones? 
Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, 
y le dije: "Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas". 



Salmo 107(106),23-24.25-26.28-29.30-31.
Los que viajaron en barco por el mar, 
para traficar por las aguas inmensas,
contemplaron las obras del Señor, 
sus maravillas en el océano profundo.

Con su palabra desató un vendaval, 
que encrespaba las olas del océano:
ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo, 
se sentían desfallecer por el mareo,

Pero en la angustia invocaron al Señor, 
y él los libró de sus tribulaciones:
cambió el huracán en una brisa suave 
y se aplacaron las olas del mar;

entonces se alegraron de aquella calma, 
y el Señor los condujo al puerto deseado.
Den gracias al Señor por su misericordia 
y por sus maravillas en favor de los hombres:



San Pablo a los Corintios 2 5,14-17.
Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. 
Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. 
El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. 



Marcos 4,35-41.
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". 
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. 
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?". 
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?". 


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

Una antigua homilía griega 
Atribuida, erróneamente, a Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo 

«¿Por qué tenéis miedo?»

Sus discípulos se le acercan, le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»... Oh bienaventurados, oh verdaderos discípulos de Dios, tenéis con vosotros al Señor, vuestro salvador y ¿teméis hundiros? La Vida está con vosotros ¿y os preocupáis por vuestra muerte? ¿Despertáis de su sueño a vuestro Creador que está junto a vosotros, como si no pudiera, incluso durmiendo, calmar las olas, parar la tempestad? 


¿Qué responden a eso los discípulos amados? Somos como los niños pequeños, aún débiles.  No somos todavía hombres valientes... Todavía no hemos visto la cruz, la pasión del Señor, su resurrección, su ascensión a los cielos, la venida del Espíritu Paráclito no nos ha hecho todavía fuertes... El Señor tiene razón cuando nos dice: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» ¿Por qué no tenéis fuerza? ¿Por qué esta falta de confianza? ¿Por qué sois tan temerosos cuando tenéis junto a vosotros aquél que es la Confianza? Aunque la muerte se os acercara, ¿no deberíais acogerla con gran constancia? Yo os daré la fuerza necesaria en todo lo que os pase: en todo peligro, en toda prueba e incluso cuando el alma salga de su cuerpo... Si en los peligros necesitáis mi fuerza para soportar cualquier contratiempo como hombres de fe, ¡cuanto más ésta os es necesaria para no sucumbir cuando se presenten las tentaciones de la vida! 


¿Por qué os turbáis, hombres de poca fe? Sabéis que soy poderoso en la tierra, ¿por qué no creéis que lo soy también en el mar? Si me reconocéis como verdadero Dios y Creador de todo ¿por qué no creéis que tengo poder sobre todo aquello que he creado? «Se puso en pie, increpó al viento; el viento cesó y vino una gran calma.»

IMÁGENES DE SAN LUIS GONZAGA, 21 DE JUNIO







SAN LUIS GONZAGA, 21 DE JUNIO DEL 2015



Luis Gonzaga, Santo
Luis Gonzaga, Santo


Religioso, 21 de junio 


Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net




Religioso

Martirologio Romano: Memoria de san Luis Gonzaga, religioso, que, nacido de nobilísima estirpe y admirable por su pureza, renunció a favor de su hermano el principado que le correspondía e ingresó en Roma en la Orden de la Compañía de Jesús. Murió, aún joven, por haber asistido durante una grave epidemia a enfermos contagiosos. ( 1591)

Fecha de canonización: 31 de diciembre de 1726 por el Papa Benedicto XIII

Patronato: Santo patrono de la juventud católica

Breve Biografía

Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione delle Stiviere y hermano del duque de Mantua, hubiera querido que su primogénito Luis, que nació el 9 de marzo de 1568, siguiera sus huellas de soldado y comandante en el ejército imperial. A los cinco años, Luis vestía ya una pequeña coraza, con casco y penacho y cinturón con espada, y jugueteaba detrás del ejército paterno, aprendiendo de los rudos soldados el uso de las armas y su colorido vocabulario. Un día aprovechó la distracción de un centinela y le prendió fuego a la pólvora de un pequeño trozo de artillería. Quedó desmayado más no asustado. Pero ese niño le daría fama a la familia de los Gonzaga, pero con otras armas. Lo enviaron a Florencia como paje del gran duque de Toscana, pero a los diez años le imprimió a su vida una dirección muy precisa, haciendo voto de perpetua virginidad.

Un viaje a España, en donde vivió unos dos años como paje del Infante Don Diego, le sirvió para dedicarse al estudio de la filosofía en la universidad de Alcalá de Henares y a la lectura de libros devotos, como el Compendio de la doctrina espiritual de Fray Luis de Granada. A los doce años, después de haber recibido la primera Comunión de manos de San Carlos Borromeo, resolvió entrar en la Compañía de Jesús. Pero necesitó otros dos años para vencer la oposición del padre, que lo envió a los cortes de Ferrara, Parma y Turín. "Hasta los príncipes- escribirá más tarde- son ceniza como los pobres: tal vez cenizas más fétidas".

Para que su alma se perfumara con las virtudes cristianas, Luis renunció al título y a la herencia paterna, y a los catorce años entró al noviciado romano de la Compañía de Jesús, bajo la dirección de San Roberto Belarmino. Olvidó totalmente su origen noble y escogió para si los encargos más humildes, dedicándose al servicio de los enfermos, sobre todo durante la epidemia de peste que afligió a Roma en 1590. Quedó contagiado probablemente par un acto de piedad: había encontrado en la calle a un enfermo y, sin pensarlo dos veces, se lo echó a la espalda y lo llevó al hospital en donde prestaba sus servicios.

Murió a los 23 años, en el día que él había anunciado: era el 21 de junio de 1591. El cuerpo de San Luis, patrono de la juventud, se encuentra en Roma, en la iglesia de San Ignacio. Este santo, víctima de cierta hagiografía amanerada, a pesar de las apariencias, era de un temperamento fuerte. Las duras penitencias a las que se sometió son el signo de una determinación no común hacia una meta que se había fijado desde su infancia.

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