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domingo, 18 de octubre de 2026
MEDITACIONES DIARIAS DE ADVIENTO 2026
domingo, 7 de diciembre de 2025
EL ORIGEN DE PAPA NOEL
El origen de Papá Noel
San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus (entre muchas otras denominaciones) se ha convertido en el icono moderno de la Navidad. Y es que, quitando algunas excepciones, como en España, donde comparte protagonismo con los Reyes Magos de Oriente que nos visitan la madrugada del 5 al 6 de enero, la figura de Papá Noel, que es como se le conoce en España, monopoliza las navidades en multitud de países del mundo, donde porta sus regalos, en un trineo arrastrado por sus renos la víspera de Navidad.
¿Cuál es el origen de esta leyenda?
Tenemos que trasladarnos hasta el año 270. En Petara (actualmente perteneciente a Turquía) nació Nicolás de Bari (‘De Bari’ porque fue donde se trasladaron sus restos tras la caída de Anatolia en manos musulmanas). Nacido en el seno de una familia cristiana y acomodada, el joven Nicolás es considerado como una persona sencilla, con don de gentes y servicial. Prueba de ello es que toda la fortuna que heredó de sus padres, fallecidos por culpa de la peste, la donó a los más necesitados. Más tarde se trasladó a Mira, ciudad situada en la región donde nació, donde se convirtió en obispo. Tras su muerte fue santificado. En la actualidad cuenta con más de 2.000 templos en todo el mundo en su honor.
Cuenta la leyenda que guiado por su devoción hacia los niños y su afán en ayudar a los pobres, al enterarse de que un padre se vio obligado a prostituir a sus hijas para poder sobrevivir, Nicolás tiró unas monedas por la chimenea de la casa. Monedas que cayeron en las calzas de las niñas que habían dejado secando ante el fuego.
A partir de aquí y tras más actos como este, nace el mito de San Nicolás, un mito que se extendió, primero por Europa y, luego por Norteamérica, tras la llegada de inmigrantes holandeses.
En Norteamérica es donde su imagen ha adoptado miles de formas y colores tras multitud de publicaciones, algunas mitológicas, sobre su figura. Y ha sido usado por la empresa Coca Cola como emblema para publicitar sus productos.
Debería quedar claro que en Navidad celebramos al Niño Jesús y no a Papá Noel.
EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 7 DE DICIEMBRE DE 2025-II DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo 2 (A) de Adviento
Domingo 7 de diciembre 2025
1ª Lectura (Is 11,1-10): Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.
Salmo responsorial: 71
R/. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.
Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol: que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
2ª Lectura (Rom 15,4-9): Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre».
Versículo antes del Evangelio (Lc 3,4.6): Aleluya. Preparad el camino del Señor, haced rectos sus senderos, y todos los hombres verán al Salvador. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 3,1-12): Por aquellos días se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos». Éste es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas’. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: ‘Tenemos por padre a Abraham’; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
«Dad fruto digno de conversión»
Pbro. Walter Hugo PERELLÓ
(Rafaela, Argentina)
Hoy, el Evangelio de san Mateo nos presenta a Juan el Bautista invitándonos a la conversión: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos» (Mt 3,2).
A él acudían muchas personas buscando bautizarse y «confesando sus pecados» (Mt 3,6). Pero dentro de tanta gente, Juan pone la mirada en algunos en particular, los fariseos y saduceos, tan necesitados de conversión como obstinados en negar tal necesidad. A ellos se dirigen las palabras del Bautista: «Dad fruto digno de conversión» (Mt 3,8).
Habiendo ya comenzado el tiempo de Adviento, tiempo de gozosa espera, nos encontramos con la exhortación de Juan, que nos hace comprender que esta espera no se identifica con el “quietismo”, ni se arriesga a pensar que ya estamos salvados por ser cristianos. Esta espera es la búsqueda dinámica de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que vino, viene y vendrá.
El tiempo de Adviento, en definitiva, es «conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (San Juan Pablo II).
Aprovechemos, hermanos, este tiempo oportuno que nos regala el Señor para renovar nuestra opción por Jesucristo, quitando de nuestro corazón y de nuestra vida todo lo que no nos permita recibirlo adecuadamente. La voz del Bautista sigue resonando en el desierto de nuestros días: «Preparad el camino al Señor, enderezad sus sendas» (Mt 3,3).
Así como Juan fue para su tiempo esa “voz que clama en el desierto”, así también los cristianos somos invitados por el Señor a ser voces que clamen a los hombres el anhelo de la vigilante espera: «Preparemos los caminos, ya se acerca el Salvador y salgamos, peregrinos, al encuentro del Señor. Ven, Señor, a libertarnos, ven tu pueblo a redimir; purifica nuestras vidas y no tardes en venir» (Himno de Adviento de la Liturgia de las Horas).

















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