miércoles, 10 de julio de 2013

Los Santos de hoy miércoles 10 de julio de 2013


Los Santos de hoy miércoles 10 de julio de 2013
 Cristóbal de Licia, Santo
Mártir, 10 de julio
 Pacífico, Beato
Franciscano, 10 de julio
 Rufina y Segunda, Santas
Mártires de Roma, 10 de julio
 Pedro Vincioli, Santo
Abad, 10 de julio
 Manuel Ruiz y Compañeros, Beatos
Mártires en Damasco, 10 de julio
 Victoria y Anatolia, Santas
Virgenes y Mártires, 10 de julio
 Amalberga, Santa
Viuda, 10 de julio
 Nicanor Ascanio, Beato
Mártir Franciscano, Julio 10
 Engelberto Kolland, Beato
Mártir Franciscano, Julio 10
 Francisco, Abdel Moti y Rafael Masabki, Beatos
Mártires Maronitas, Julio 10
 Canuto de Dinamarca, Santo
Mátir, 10 de julio 

ORACIÓN A SAN CRISTÓBAL DE LICIA


ORACIÓN A SAN CRISTÓBAL DE LICIA

A ti acudimos, san Cristóbal, para que nos acompañes a los largo de la vida y nos alcances poder llegar al fin de cada día con salud bienestar y gracia de Dios. Tú llevaste sobre tus hombros al Niño Jesús, que así quiso premiarte por tus servicios ofrecidos a todos quienes te pedían ayuda en el camino. Ya que eres abogado de los que están en camino, y especialmente de los conductores, rogamos tu intercesión para que nos asistas en el viaje y nos obtengas del Señor, el bien de regresar felices y agradecidos a nuestros hogares. Amén.

SAN CRISTÓBAL DE LICIA, SANTO, MÁRTIR, 10 DE JULIO

Autor: . | Fuente: EWTN.com
Cristóbal de Licia, Santo
Mártir, 10 de julio
Cristóbal de Licia, Santo
Cristóbal de Licia, Santo

Patrono de los viajeros, transportistas y conductores
Mártir

Etimológicamente: Cristóbal = Aquel que es el Portador de Cristo, es de origen griego
San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.

¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo v. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.

Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, a quién Cristóbal vío temblando un día cuando le mencionarón al demonio.

Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entoncés si él le temía a las cruces, contestandole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo.

¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.

Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.

--¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?--Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.

Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.

San Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas. Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza.

Sus admiradores, para simbolizar su fortaleza, su amor a Cristo y la excelencia de sus virtudes, le representaron de gran corpulencia, con Jesús sobre los hombros y con un árbol lleno de hojas por báculo.

Esto ha dado lugar a las leyendas con que se ha oscurecido su vida. Se le considera patrono de los transportadores y automovilistas.

Du festividad en la actualidad es el 10 de julio, antiguamente se lo festejaba el 25 del mismo mes.

SANTA AMALBERGA, VIUDA, 10 DE JULIO

Autor: . | Fuente: Catholic.net
Amalberga, Santa
Viuda, 10 de julio
 
Amalberga, Santa

Viuda

Martirologio Romano: En Tamise, en Flandes, santa Amalberga, a quien san Wilibrordo impuso el velo de las vírgenes consagradas (s. VIII).
También es conocida como Amalburga, Amelia o Amalia.

Personaje del siglo VII, pariente del Beato Pipino de Landen. Siendo muy jóven se casó con el Conde Witger, con quien tuvo tres hijos que son santos de la Iglesia Católica: Gudula, Emeberto y Reinaldo, a quienes educó ella personalmente enseñándoles todo incluso su amor a Dios.

Siendo ya mayores, ella y su esposo ingresaron a monasterios Benedictinos, el Conde al monasterio de Lobbes y Amalberga al de Maubeuge en donde ella llevó una vida ascética y de oración.

Al enviudar recibió el velo de manos de San Wilibrordo.

Murió hacia el año 690 y fue enterrada junto a su marido, en el monasterio de Lobbes. Desde 1073 sus restos están en la iglesia de la abadía de San Pedro Gante, Bélgica. 

martes, 9 de julio de 2013

Los Santos de hoy martes 9 de julio de 2013

Los Santos de hoy martes 9 de julio de 2013
 Verónica Giuliani, Santa
Abadesa, 9 de julio
 Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá
Patrona de Colombia, 9 de julio
 Nicolas Pieck y compañeros, Santos
Presbítero y Mártir, 9 de julio
 Juana Scopelli, Beata
Virgen Carmelita, 9 de julio
 Mártires de China (Agustín Zhao y compañeros), Santos
Mártires de China, 9 de julio
 María de Jesús Crucificado Petkovic, Beata
Virgen, 9 de julio
 Fidel Chojnacki, Beato
Mártir Capuchino, 9 de julio
 Paulina del Corazón Agonizante de Jesús (Amabile Wisenteiner), Santa
Fundadora, 9 de julio
 Gregorio Grassi y 25 compañeros, Santos
Mártires en China, 9 de julio 

SANTA VERÓNICA GIULIANI - 9 DE JULIO


Santa Verónica Giuliani
(1660 †1727)
Fiesta: 9 de Julio

Monja clarisa capuchina, fue de niña caprichosa y vivaracha, a la vez que piadosa y de buen corazón. A los 16 años entró en el monasterio de Città di Castello, en el que fue muchos años maestra de novicias y abadesa. Destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, relacionados especialmente con la Pasión de Cristo. En el «Diario» que escribió por orden de sus confesores nos ha dejado un elocuente testimonio de sus experiencias místicas.

La vida de la seráfica virgen había transcurrido más en el cielo que en la tierra: el fin de sus días se acercaba, y el espíritu, purificado por el dolor y por el amor, ansiaba dar el salto supremo para descansar eternamente en los brazos de su Esposo divino. Un ataque de apoplejía, momentos después de 
una comunión fervorosa, la postró en el lecho. El pobre cuerpo destrozado por la vejez, por las enfermedades y por el martirio de amor, fue insensiblemente perdiendo las fuerzas y el movimiento: sólo el espíritu parecía más joven cada día, más ágil y animoso. Cuando Verónica recibió los últimos sacramentos creyóse que el ímpetu de su santa impaciencia acabaría por transportarla súbitamente al paraíso. Pero la muerte no se apresuraba: la santa quiso apurar hasta las heces el cáliz de todos los sufrimientos, ofreciéndose como víctima expiatoria por los pecados del mundo. Fueron treinta días de nuevos dolores. 

En la mañana del día 9 de julio de 1727, el confesor se acercó a la enferma y le dijo: «Sor Verónica, si es del agrado del Señor que vayáis ahora a gozarle, y si quiere Dios que para este trance intervenga la orden de su ministro, yo os la doy». La moribunda, imitadora perfecta de Cristo paciente, quiso imitarle hasta el fin. «Et inclinato capite, tradidit spiritum»: «E inclinando 
                                                 (con fina capa de cera y color para quitar el color marfil de su piel al natural)

la cabeza, entregó su espíritu». Aquel día era viernes, el día predilecto de su corazón, el día en que Jesús solía regalarla con dolores y consuelos.

Verónica había pasado toda su vida en el amoroso costado de Cristo: el corazón de Jesús había sido su celda, su monasterio y su cielo.


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