miércoles, 1 de julio de 2020

SANTORAL DE HOY 1 DE JULIO DE 2020

Assunta Marchetti, BeataAssunta Marchetti, Beata
Cofundadora, 1 de julio
Casto y Secundino, SantosCasto y Secundino, Santos
Mártires, Julio 1
Ester, SantaEster, Santa
Reina de Persia, 1 de julio
Aaron, SantoAaron, Santo
Hermano de Moisés, Julio 1
Justino Orana Madrigal, SantoJustino Orana Madrigal, Santo
Sacerdote y Mártir, 1 de julio
Ignacio Falzon, BeatoIgnacio Falzon, Beato
Clérigo, 1 de julio
Atilano Cruz Alvarado, SantoAtilano Cruz Alvarado, Santo
Sacerdote y Mártir, 1 de julio
Tomás Maxfield, BeatoTomás Maxfield, Beato
Sacerdote y Mártir, Julio 1
Antonio Rosmini Serbati, BeatoAntonio Rosmini Serbati, Beato
Sacerdote, Filósofo, Teólogo y Fundador, 1 de julioi
Oliverio Plunkett, SantoOliverio Plunkett, Santo
Obispo y Mártir, 1 de julio

FALLECE GEORG RATZINGER, HERMANO DE BENEDICTO XVI


Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, descansa en paz
Redacción ACI Prensa
 Foto: Paul Badde / EWTN




Este 1 de julio falleció en Ratisbona (Alemania) el hermano mayor del Papa Benedicto XVI, Mons. Georg Ratzinger, a los 96 años de edad.

Georg Ratzinger nació el 15 de enero de 1924 en Pleiskirchen; cerca de Altötting, en Alemania. Sus padres fueron Joseph Ratzinger, un oficial de policía, y María Ratzinger. Además del Papa Emérito Benedicto XVI, tenía una hermana, María, que falleció en 1991.

Hizo los estudios eclesiásticos en el seminario de la Arquidiócesis de Münich y Freising, y fue ordenado sacerdote junto con su hermano, Benedicto XVI, el 29 de junio de 1951, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

En 1964, graduado como músico eclesial y compositor, Mons. Georg Ratzinger asumió el cargo de director del coro de la Catedral de Ratisbona, conocido como Los Gorriones. En 1976 fue nombrado Prelado de honor del Papa, razón por la cual tenía el título de monseñor.

El 15 de enero de 2014, al cumplir 90 años, su círculo de amigos organizó un concierto en su honor en Radio Vaticana que contó con la presencia de su hermano Benedicto XVI y al que asistió un reducido grupo de personas, entre los cuales se hallaba el secretario del Papa Emérito y prefecto de la Casa Pontificia, Mons. Georg Gänswein, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, entonces prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, entre otros.


En 2016, Mons. Georg Ratzinger respondió a las acusaciones sobre abusos físicos y sexuales cometidos entre la década de 1950 y 1990 en el coro de la Catedral de Ratisbona, que él dirigió musicalmente durante 30 años.

Mons. Georg Ratzinger, director musical del coro desde 1964 hasta 1994, dijo a la revista alemana Passauer Neuer Presse que “no he conocido nada sobre abusos sexuales durante mi tiempo” como director del coro.

Las nuevas acusaciones, seis años después de las primeras denuncias, aparecieron en el marco de una investigación encabezada por el abogado del coro de la Diócesis de Ratisbona, Ulrich Weber.

El número de maltratos y abusos sexuales sería mayor al estimado previamente en el coro de la Catedral de Ratisbona, pues al menos 231 niños habrían sido golpeados o abusados sexualmente por sacerdotes y profesores de la diócesis alemana.

Weber señaló que “los casos reportados de abuso sexual en Ratisbona estuvieron concentrados principalmente en el periodo de mediados a fines de la década de 1970”, y dijo que “50 víctimas hablaron de 10 perpetradores”.

Consultado sobre si creía que Mons. Georg Ratzinger pudo haber sabido sobre los casos de maltrato físico y abusos sexuales, Weber señaló que “después de mi investigación, asumo que sí”.

Sin embargo, Mons. Ratzinger aseguró en esa ocasión que él no tuvo conocimiento de ningún caso de abuso sexual, pero reiteró su pedido de perdón a las víctimas.

Sobre la violencia física, Mons. Ratzinger reconoció que los “golpes, es decir, bofetadas, eran comunes no solo en el coro de la Catedral, sino en todos los ámbitos de la educación, así como en las familias”.


“En el coro de la Catedral estos (golpes) no tenían otro significado que en las áreas antes mencionadas”, indicó.

Sobre la relación que mantiene con su hermano, hace unos años dijo que siempre fue estrecha. Juntos se criaron, juntos crecieron y estudiaron en el seminario y juntos fueron ordenados sacerdotes.

En 2014 contó que “tengo un segundo teléfono en el dormitorio con un número que sólo él conoce. Si suena ese teléfono, entonces sé que mi hermano, el Papa, me llama".

Estos y otros datos fueron revelados por Mons. Ratzinger en el libro “Mi hermano, el Papa” (Mein Bruder, der Papst), que refleja la entrevista concedida al periodista y escritor alemán Michael Hesemann.

La última vez que Mons. Georg vio a su hermano Benedicto XVI fue cuando el Papa Emérito viajó de Roma a Alemania para visitarlo, esto debido al delicado estado de salud del mayor de los Ratzinger. El encuentro se dio del 18 al domingo 21 de junio de 2020, día en que celebraron Misa juntos. Al día siguiente Benedicto XVI regresó a la capital italiana. 

BUENOS DÍAS!!!




martes, 30 de junio de 2020

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 30 DE JUNIO DE 2020


Lecturas de hoy Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy, martes, 30 de junio de 2020



Primera lectura
Lectura de la profecía de Amós (3,1-8;4,11-12):

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto:
«A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios.»

Palabra de Dios


Salmo
Salmo 5,5-8

R/. Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy martes, 30 de junio de 2020
Fernando Torres cmf


      Vamos a echar un poco la mirada atrás, a la vida de nuestra familia y a nuestra vida personal. ¿Quién no se ha sentido alguna vez como los discípulos en la barca zarandeada por el temporal? Un temporal en el mar no es cosa de risa. Da miedo al más valiente. Recuerdo mis tiempos jóvenes en el seminario menor. Tenía por entonces 15 o 16 años. Y el Seminario estaba situado en una pequeña y preciosa ciudad del norte de España. En verano la playa se llenaba de veraneantes pero en invierno era otra cosa. La ciudad tenía su puerto, dedicado básicamente a la pesca. Un largo dique de cemento protegía el interior del puerto de los embates del mar. Tenía unos diez metros de ancho por otros 10 de alto sobre el nivel del mar. Aquel dique se quedó roto por la mitad una noche de temporal. ¿Os podéis imaginar la fuerza de las olas? 

      Pues hay personas que se sienten así ante las inclemencias de la vida: incapaces de mantenerse estables ante los golpes que parece que se suceden uno detrás de otro sin solución de continuidad. Enfermedades, problemas económicos, injusticias, problemas familiares, infidelidades... Todo parece que se junta para hacer la vida más difícil. 

      Y entonces, recurrimos a Dios. Seguro que alguna vez se nos ha venido a la mente la oración, simple, sencilla, urgente, de los discípulos, despertando a Jesús al grito de “¡Señor, sábanos, que nos hundimos!”

      El Evangelio cuenta la reacción de Jesús. Les increpa diciendo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!” Alguno pensará que les riñe, que no quiere que acudan a él en esos momentos de dificultad, en que se sienten amenazados por fuerzas insuperables. Yo prefiero pensar que es la reacción  normal de alguien a quien le despiertan de golpe durante un buen sueño. Lo más importante no son las palabras de Jesús sino lo que hace. Jesús se pone en pie, increpa a los vientos y al lago. Y, como resultado, vino una gran calma. 

      No hay que tener miedo a quejarse a Jesús. No hay que tener miedo a repetir la oración de los discípulos cuando la vida se nos pone de frente como un toro amenazándonos con sus cuernos. No hay que tener miedo a molestar a Jesús con nuestros gritos y peticiones de socorro. Lo que no hay que hacer nunca es tirarnos al agua, desesperarnos. Hay que mantenerse firmes ante la tribulación porque Jesús está ahí, cerca de nosotros. No sabemos cómo va a responder a nuestras oraciones. Pero, como somos gente de fe, de lo que estamos seguros es de que responderá.

3 HERMOSAS ORACIONES AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS QUE TODO CATÓLICO DEBE SABER



3 hermosas oraciones al Sagrado Corazón de Jesús que todo católico debe saber


A continuación hay cinco oraciones al Sagrado Corazón de Jesús ¡Dirígete al Sagrado Corazón de Jesús en cualquier momento, y él te ayudará!




La Gran Oración al Sagrado Corazón de Santa Gertrudis 

“Oh Sagrado Corazón de Jesús,
fuente de la vida eterna,
Tu Corazón es un horno brillante de Amor.
eres mi refugio y mi santuario.
Oh mi mi adorado y amado Salvador,
consume mi corazón con la llama
con la que se quema el Tuyo.
Vierte en mi alma esas gracias
que emanan de tu Amor.
Deja que mi corazón se una al Tuyo.
Deja que mi Voluntad se conforme
al Tuyo en todas las cosas.
Que Tu Voluntad sea la norma de
todos mis deseos y acciones”. 



Oración de Gratitud  

“Señor, tu mereces todo honor y gloria,
porque tu amor es perfecto
y Tu Corazón es sublime.
Mi corazón se desborda de gratitud
por todas las bendiciones
y gracias que me has dado
y los cuales amo.
Siempre a tu servicio,
que siempre este yo atento
y nunca considere ganado
los regalos de tu misericordia
y amor que fluyen
tan libre y generosamente de
Tu Sagrado Corazón.
Corazón de Jesús, te adoro.
Corazón de Jesús, te venero.
Corazón de Jesús, te agradezco.
Corazón de Jesús, te amo por siempre”. 



Oración por la paz interior

“Santo Corazón de Jesús, Dulce Santuario de descanso,
dame paz a mi alma y calma mi espíritu,
en especial en cuanto (mencionar petición).
Prometo poner todas mi preocupaciones y miedos
en las heridas de tu Sagrado Corazón,
para que sean atendidos por Ti según tu Voluntad,
que solo me desea lo mejor y el mayor bien.
Solo Tu Amor basta, y me rindo ante este;
me aferro a la esperanza de tener
una respuesta rápida tuya,
y de tener el cumplimiento
de todas tus promesas”. 

Recuerda estas oraciones al Sagrado Corazón.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti Confío!

CONOCE LA DEVOCIÓN AL DETENTE DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Conoce la devoción «¡Detente! 
El corazón de Jesús está aquí»



Este emblema puede llevarse en el pecho, el cuello o en la chaqueta, pero lo ideal es llevarlo a la altura del corazón
El «detente» es un pequeño emblema que se lleva sobre el pecho, con la imagen del Sagrado Corazón. Es propio de quien ama llevar consigo un signo de su amado, así el «detente» es signo de nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús y de nuestra confianza en su protección contra las acechanzas del maligno. Le decimos «detente», en nombre de Jesús, al demonio y a toda maldad. 

Se le conoce también como el “Pequeño Escapulario del Sagrado Corazón”, aunque no es, en el sentido estricto de la palabra, un escapulario.


Origen 
Proviene de santa Margarita María Alacoque, como lo atestigua una carta dirigida por ella a la Madre Saumaise el 2 de Marzo de 1686 en la que le dice:

“Él(Jesús) desea que usted mande a hacer unas placas de cobre con la imagen de su Sagrado Corazón para que todos aquellos que quisieran ofrecerle un homenaje las pongan en sus casas, y unas pequeñas para llevarlas puestas.” (Vida y Obras, vol.II, p.306, nota).

Ella misma llevaba una sobre su pecho, debajo del hábito e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Hizo muchas de estas imágenes y decía que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.


Fue especialmente en el año 1720, durante una terrible plaga en Marsella, Francia (Cf. Hamon, op.cit., vol. III, p. 431) que este pequeño escapulario, o como se le llamó “Salvaguardia,” se difundió entre todos los fieles.

Este “Detente” consistía en un pedazo de tela blanca en la cual la imagen del Sagrado Corazón era bordada, con la leyenda “Oh Corazón de Jesús, abismo de amor y misericordia, en ti confío” (Las palabras: “Detente, el Corazón de Jesús está aquí” corresponden a un período posterior. Hamon, ibid.,Nota).

La forma que hoy tiene el detente fue dada por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat, a quien el Señor le había dejado saber de antemano el daño que iba a causar la plaga y también el maravilloso auxilio que la ciudad encontraría en la devoción a Su Sagrado Corazón.

Ella hizo, con la ayuda de sus hermanas en religión, miles de estos emblemas y los repartieron por toda la ciudad y alrededores. La historia nos relata que poco después la plaga cesó. (Cf. Hamon, op. cit., vol III, p.425; Beringer, op. cit., vol I, n. 953, p. 520).

Entre los regalos que el papa Bendicto XIV, en el 1748, envió a la princesa Polaca Mary Lczinska con la ocasión de su matrimonio con el rey de Francia Luis XV, habían, de acuerdo a las memorias de ese tiempo, “muchos escudos del Sagrado Corazón hechos de taffeta roja y bordados en oro.” (De Franciosi, s.j., La dévotion au Sacré-Coeur de Jésus, p. 289).

En el tiempo de la Revolución Francesa se desató una violenta persecución contra la Iglesia. Estos escapularios se tuvieron por “la manifestación viva del fanatismo” y como evidencia de hostilidad al régimen revolucionario.

Durante el juicio de la reina María Antonieta, se produjo en su contra, como evidencia, un pedazo de papel muy fino que se encontró entre sus pertenencias, en el que la imagen del Sagrado Corazón estaba dibujada, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y con la leyenda: “Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.” (Ibid., p. 290).

El uso del detente se extendió grandemente, especialmente desde el 1866, durante los estragos producidos por la epidemia del cólera de Amiens, Roubaix, Cairo y otras partes. Suinfluencia beneficiosa se hizo evidente.

Después de la guerra Franco-Alemana los “Salvaguardia” probaron ser en más de una ocasión, un escudo que protegió a muchos soldados franceses de las balas enemigas. (Cf. Messager du Coeur de Jésus, vol. XIX, p. 180).


Indulgencia
El papa Pío IX le concedió en el año 1872, una indulgencia de 100 días una vez al día a todos los fieles que usaran alrededor de sus cuellos este emblema piadoso y rezaran un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. (Preces et pia opera, n. 219).

En un breve de fecha 20 de Junio de 1873 encontramos la respuesta a dos preguntas en referencia al Detente:

1. Como no es un escapulario en el sentido estricto de la palabra, sino más bien un escudo o emblema del Sagrado Corazón, las reglas generales para el escapulario propiamente llamado, no son aplicables a él. Así que no necesita ni una bendición especial, ni una ceremonia o inscripción. Es suficiente con usarlo para que cuelgue en el cuello.

2. La leyenda “Detente, el Corazón de Jesús está aquí” no es requerida.
(Beringer, op. cit., n. 953; Preces et pia opera, n. 219.)




Oración
El papa Pío IX compuso esta oración:

“¡Abridme Vuestro Sagrado Corazón Oh Señor Jesús! …Mostradme Sus Encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar:

Sí, Señor Jesús, yo Os adoro… aceptad el poco bien que practico… Hacedme la merced de reparar el mal cometido… para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amén”.



En base a un artículo publicado por Corazones.org

PAPA FRANCISCO: EL CORONAVIRUS MUESTRA QUE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SON ESENCIALES


Papa Francisco: El coronavirus muestra que los medios de comunicación son esenciales
Redacción ACI Prensa
 Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa




El Papa Francisco destacó la importancia que los medios de comunicación están teniendo en la pandemia de coronavirus, y los confinamientos de la población decretados en numerosos países para frenarla, como vehículo “para acercar a las personas, acortar las distancias, proveer la información necesaria y abrir las mentes y los corazones a la verdad”.

Así lo señaló en el mensaje que envió a los miembros de la Asociación de Prensa Católica que organiza la Conferencia de Medios Católicos. Este año, este evento se etá realizando desde este martes 30 de junio y hasta el 2 de julio de forma virtual por la pandemia con el título “Juntos mientras estamos separados”.

En su mensaje, Francisco destacó que “necesitamos medios de comunicación capaces de construir puentes, defender la vida y abatir los muros, visibles e invisibles, que impiden el diálogo sincero y la comunicación verdadera entre personas y comunidades”.


“Necesitamos medios de comunicación que puedan ayudar a las personas”, hizo hincapié el Papa. Medios que ayuden “especialmente a los jóvenes, a distinguir el bien del mal; a desarrollar juicios sólidos basados en una presentación clara e imparcial de los hechos; y a comprender la importancia de trabajar por la justicia, la concordia social y el respeto a nuestra casa común”.

También “necesitamos hombres y mujeres con sólidos valores que protejan la comunicación de todo lo que puede distorsionarla o desviarla hacia otros propósitos”.

Por ello, el Papa pidió a periodistas y comunicadores “que permanezcan unidos y sean signo de unidad también entre ustedes. Los medios de comunicación pueden ser grandes o pequeños, pero en la Iglesia estas no son categorías importantes”.

En la Iglesia, “todos hemos sido bautizados en un único Espíritu y hechos miembros de un solo cuerpo. Como en todo cuerpo, a menudo son los miembros más pequeños los que, al final, son los más necesarios. Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros, dondequiera que nos encontremos, está llamado a contribuir, mediante la profesión de la verdad en el amor, al crecimiento de la Iglesia hasta su plena madurez en Cristo”.

“La comunicación, lo sabemos, no es meramente una cuestión de competencia profesional”, explicó el Santo Padre en su mensaje. “Un verdadero comunicador se dedica completamente al bien de los demás en todos los niveles, desde la vida de cada persona a la vida de toda la familia humana. No podemos comunicar verdaderamente si no nos involucramos personalmente, si no podemos testimoniar personalmente la verdad del mensaje que transmitimos”.

Asimismo, insistió en que “toda comunicación tiene su fuente última en la vida de Dios Uno y Trino, que comparte con nosotros las riquezas de su vida divina y, a su vez, nos pide que, unidos en el servicio a su Verdad, comuniquemos ese tesoro a los demás”.

SANTORAL DE HOY MARTES 30 DE JUNIO DE 2020

Erentrude,  SantaErentrude, Santa
Abadesa, Junio 30
Marcial de Limoges, SantoMarcial de Limoges, Santo
Obispo, Junio 30
Ladislao de Hungría, SantoLadislao de Hungría, Santo
Laico, 30 de junio
Zenon (Zynovij) Kovalyk, BeatoZenon (Zynovij) Kovalyk, Beato
Presbítero y Mártir, 30 de junio
Basilio Velyckovskyj, BeatoBasilio Velyckovskyj, Beato
Obispo y Mártir, 30 de junio
Felipe Powell, BeatoFelipe Powell, Beato
Sacerdote y Mártir, Junio 30
Otón de Bamberg, SantoOtón de Bamberg, Santo
Obispo, 30 de junio
Genaro María Sarnelli, BeatoGenaro María Sarnelli, Beato
Redentorista, Junio 30
Adolfo de Osnabrück, SantoAdolfo de Osnabrück, Santo
Obispo, Junio 30

BIENVENIDOS !!!





lunes, 29 de junio de 2020

¡FELIZ DÍA DEL PAPA! 29 DE JUNIO,OREMOS POR EL PAPA FRANCISCO


Día del Papa
29 de junio



El día 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, celebramos el Día del Papa y la colecta llamada desde los primeros siglos Óbolo de San Pedro.

En esta Jornada del Papa estamos invitados, de manera especial, a meditar en el ministerio del Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, a orar por él y a contribuir con nuestras limosnas y donativos a su misión evangelizadora y de caridad. 

El Romano Pontífice, como Sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los obispos como de la multitud de los fieles. Es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Es el Vicario de Cristo. 

Ya en la primera hora de la Iglesia, cuando Pedro estaba en la cárcel, toda la comunidad oraba insistentemente a Dios por él (cfr. Hc 12, 59). Hoy toda la Iglesia tiene el deber de orar por el Papa Benedicto XVI. Cuando oramos por el Sucesor de Pedro, que “preside la caridad de todas las Iglesias”, como afirmó San Ignacio de Antioquia, pedimos que la Iglesia se mantenga fiel a su magisterio, para que, como los primeros cristianos, vivamos como hermanos arraigados firmemente en el amor y en la caridad. 

Junto con la oración y el agradecimiento, esta Jornada es una llamada a colaborar con nuestras limosnas y donativos a la colecta especial. A través de ella ayudamos al Papa para que pueda realizar su misión a favor de la Iglesia Universal y de los más pobres de la tierra. 

Desde esta carta pastoral doy las gracias a todos los fieles y pido un año más la generosa y amplia colaboración económica de todos los diocesanos, para que el Santo Padre pueda cumplir su ministerio. Que el Señor os lo premie y que vuestro comportamiento exprese el cariño, la obediencia y el amor que sentís por el Papa.


Autor: Mons. Vicente Jiménez Zamora, Obispo de Santander

HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, 29 DE JUNIO


Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo
Redacción ACI Prensa
 Foto: Captura YouTube




El Papa Francisco presidió este 29 de junio la Misa en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica Vaticana y bendijo los palios de los 54 arzobispos metropolitanos nombrados durante el año pasado.

En su homilía, el Santo Padre destacó la importancia de la unidad y la profecía y advirtió que en la primera comunidad cristiana “nadie decía: ‘Si Pedro hubiera sido más prudente, no estaríamos en esta situación’. No, no hablaban mal de él, sino que rezaban por él. No hablaban a sus espaldas, sino a Dios. Hoy podemos preguntarnos: ‘¿Cuidamos nuestra unidad con la oración? ¿Rezamos unos por otros?’. ¿Qué pasaría si rezáramos más y murmuráramos menos?”.

“No neceistamos ser ricos, sino amar a los pobres; no ganar para nuestro beneficio, sino gastarnos por los demás; no necesitamos la aprobación del mundo, sino la alegría del mundo venidero; ni proyectos pastorales eficientes, sino pastores que entregan su vida como enamorados de Dios. Pedro y Pablo así anunciaron a Jesús, como enamorados”, exhortó el Santo Padre.

A continuación, el texto de la homilía del Papa Francisco:

En la fiesta de los dos apóstoles de esta ciudad, me gustaría compartir con ustedes dos palabras clave: unidad y profecía.

Unidad. Celebramos juntos dos figuras muy diferentes: Pedro era un pescador que pasaba sus días entre remos y redes, Pablo un fariseo culto que enseñaba en las sinagogas. Cuando emprendieron la misión, Pedro se dirigió a los judíos, Pablo a los paganos. Y cuando sus caminos se cruzaron, discutieron animadamente y Pablo no se avergonzó de relatarlo en una carta (cf. Ga 2,11ss.). Eran, en fin, dos personas muy diferentes entre sí, pero se sentían hermanos, como en una familia unida, donde a menudo se discute, aunque realmente se aman. Pero la familiaridad que los unía no provenía de inclinaciones naturales, sino del Señor. Él no nos ordenó que nos lleváramos bien, sino que nos amáramos. Es Él quien nos une, sin uniformarnos, nos dice en las diferencias.


La primera lectura de hoy nos lleva a la fuente de esta unidad. Nos dice que la Iglesia, recién nacida, estaba pasando por una fase crítica: Herodes arreciaba su cólera, la persecución era violenta, el apóstol Santiago había sido asesinado. Y entonces también Pedro fue arrestado. La comunidad parecía decapitada, todos temían por su propia vida. Sin embargo, en este trágico momento nadie escapó, nadie pensaba en salir sano y salvo, ninguno abandonó a los demás, sino que todos rezaban juntos. De la oración obtuvieron valentía, de la oración vino una unidad más fuerte que cualquier amenaza. El texto dice que «mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5).

La unidad es un principio que se activa con la oración, porque la oración permite que el Espíritu Santo intervenga, que abra a la esperanza, que acorte distancias y nos mantenga unidos en las dificultades.

Constatamos algo más: en esas situaciones dramáticas, nadie se quejaba del mal, de las persecuciones, de Herodes. Ninguno insulta a Herodes -y nosotros estamos tan acostumbrados a insultar a los responsables-. Es inútil e incluso molesto que los cristianos pierdan el tiempo quejándose del mundo, de la sociedad, de lo que está mal. Las quejas no cambian nada. Recordemos que las quejas son la segunda puerta cerrada al Espíritu Santo. Como les dije el día de Pentecostés: la primera es el narcisismo, la segunda el desaliento, la tercera el pesimismo. El narcisismo te lleva al espejo, a mirarte continuamente; el desaliento a las quejas; el pesimismo, al obscuro, a la obscuridad. Estas tres actitudes cierran la puertal Espíritu Santo. Esos cristianos no culpaban a los demás, sino que oraban.

En esa comunidad nadie decía: “Si Pedro hubiera sido más prudente, no estaríamos en esta situación”. Ninguno. Pedro, humanmente, tenía muchos motivos para ser criticado, pero ninguno lo criticaba. No hablaban mal de él, sino que rezaban por él. No hablaban a sus espaldas, sino a Dios. Y nosotros hoy podemos preguntarnos: “¿Cuidamos nuestra unidad con la oración? ¿Rezamos unos por otros?”.

¿Qué pasaría si rezáramos más y murmuráramos menos? Como le sucedió a Pedro en la cárcel: se abrirían muchas puertas que separan, se romperían muchas cadenas que aprisionan, tantas cadenas que paralizan caerían. Y nosotros nos sorprendemos, como aquella chica que, viendo a Pedro en la puerta, no conseguía abrirle, sino que corrió dentro, asombrada por la alegría por ver a Pedro (cf. At 12, 10-17).

Pidamos la gracia de saber cómo rezar unos por otros. San Pablo exhortó a los cristianos a orar por todos y, en primer lugar, por los que gobiernan (cf. 1 Tm 2,1-3). “Pero este gobernante es…”, y los calificativos son muchos; yo no los diré, porque este no es el momento ni el lugar para decir los calificativos que se escuchan en contra de los gobernantes. Que los juzque Dios, pero recemos por los gobernantes.  Es una tarea que el Señor nos confía. ¿Lo hacemos, o sólo hablamos, simulamos y basta?

Dios espera que cuando recemos también nos acordemos de los que no piensan como nosotros, de los que nos han dado con la puerta en las narices, de los que nos cuesta perdonar. Sólo la oración rompe las cadenas, sólo la oración allana el camino hacia la unidad.

Hoy se bendicen los palios, que se entregan al Decano del Colegio cardenalicio y a los Arzobispos metropolitanos nombrados en el último año. El palio recuerda la unidad entre las ovejas y el Pastor que, como Jesús, carga la ovejita sobre sus hombros para no separarse jamás.

Hoy, además, siguiendo una hermosa tradición, nos unimos de manera especial al Patriarcado ecuménico de Constantinopla. Pedro y Andrés eran hermanos y nosotros, cuando es posible, intercambiamos visitas fraternas en los respectivos días festivos: no tanto por amabilidad, sino para caminar juntos hacia la meta que el Señor nos indica: la unidad plena. Hoy, ellos no consiguieron venir, por el problema de los viajes con el motivo del coronavirus, pero cuando bajé a venerar los restos de Pedro, en el corazón sentía a mi lado a mi amado hermano Barolomé. Ellos están aquí, con nosotros.


La segunda palabra, profecía. Nuestros apóstoles fueron provocados por Jesús. Pedro oyó que le preguntaba: “¿Quién dices que soy yo?” (cf. Mt 16,15). En ese momento entendió que al Señor no le interesan las opiniones generales, sino la elección personal de seguirlo. También la vida de Pablo cambió después de una provocación de Jesús: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» (Hch 9,4). El Señor lo sacudió en su interior; más que hacerlo caer al suelo en el camino hacia Damasco, hizo caer su presunción de hombre religioso y recto. Entonces el orgulloso Saúl se convirtió en Pablo, que significa “pequeño”. Después de estas provocaciones, de estos reveses de la vida, vienen las profecías: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18); y a Pablo: «Es un instrumento elegido por mí, para llevar mi nombre a pueblos» (Hch 9,15). 

Por lo tanto, la profecía nace cuando nos dejamos provocar por Dios; no cuando manejamos nuestra propia tranquilidad y mantenemos todo bajo control. Cuando el Evangelio anula las certezas, surge la profecía. Sólo quien se abre a las sorpresas de Dios se convierte en profeta. Y aquí están Pedro y Pablo, profetas que ven más allá: Pedro es el primero que proclama que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16); Pablo anticipa el final de su vida: «Me está reservada la corona de la justicia, que el Señor [...] me dará» (2 Tm 4,8).

Hoy necesitamos la profecía, una profecía verdadera: no de discursos vacíos que prometen lo imposible, sino de testimonios de que el Evangelio es posible. No se necesitan manifestaciones milagrosas. Siento dolor cuando escucho decir: ‘Queremos una Iglesia profética’. Bien. ¿Qué haces para que la Iglesia sea profética? Se necesitan vidas que manifiesten el milagro del amor de Dios. No el poder, sino la coherencia. No las palabras, sino la oración. No las declamaciones, sino el servicio. ¿Tú quieres una Iglesia profética? Comienza a servir y a estar callado. No teoría, sino testimonio.

No necesitamos ser ricos, sino amar a los pobres; no ganar para nuestro beneficio, sino gastarnos por los demás; no el consenso del mundo, aquel ‘estar bien con todos’. Se dice: ‘estar bien con Dios y con el diablo; estar bien con todos… No, esto no es profecía.

Necesitamos la alegría del mundo venidero; ni proyectos pastorales eficientes, sino pastores que entregan su vida como enamorados de Dios. Pedro y Pablo así anunciaron a Jesús, como enamorados. Pedro ―antes de ser colocado en la cruz― no pensó en sí mismo, sino en su Señor y, al considerarse indigno de morir como él, pidió ser crucificado cabeza abajo. Pablo ―antes de ser decapitado― sólo pensó en dar su vida y escribió que quería ser «derramado en libación» (2 Tm 4,6). Esta es profecía. No palabras. Esta es profecía, la profecía que cambia la historia.

Queridos hermanos y hermanas, Jesús profetizó a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Hay también una profecía parecida para nosotros. Se encuentra en el último libro de la Biblia, donde Jesús prometió a sus testigos fieles: «una piedrecita blanca, y he escrito en ella un nuevo nombre» (Ap 2,17). Como el Señor transformó a Simón en Pedro, así nos llama a cada uno de nosotros, para hacernos piedras vivas con las que pueda construir una Iglesia y una humanidad renovadas. Siempre hay quienes destruyen la unidad y rechazan la profecía, pero el Señor cree en nosotros y te pregunta: “¿Quieres ser un constructor de unidad? ¿Quieres ser profeta de mi cielo en la tierra?”. Dejémonos provocar por Jesús y tengamos el valor de responderle: “¡Sí, lo quiero!”.

¿SABÍAS QUÉ? FIESTA DE LA UNIDAD Y CATOLICIDAD DE LA FIESTA, SAN PEDRO Y SAN PABLO


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...