sábado, 13 de julio de 2013

Los Santos de hoy sábado 13 de julio de 2013

Los Santos de hoy sábado 13 de julio de 2013
 Eugenio de Cartago, Santo
Obispo, 13 de julio
 Enrique, Santo
Emperador, 13 de julio
 Anacleto (Cleto), Santo
III Papa, 13 de julio
 Carlos Manuel Cecilio Rodriguez Santiago, Beato
Laico, 13 de julio
 Mariano de Jesús Euse Hoyos, Beato
Sacerdote, 13 de julio
 Fernando María Baccilieri, Beato
Presbítero y Fundador, 13 de julio
 Clelia Barbieri, Santa
Virgen y Fundadora, 13 de julio
 Jacobo de Varazze o Voragine, Beato
Obispo, 13 de julio
 Silas (Silvano), Santo
Discípulo de los Apóstoles, 13 de julio
 Esdras, Santo
Sacerdote, 13 de julio
 Serapión, Santo
Máetir, 13 de julio
 Tomás Tunstal, Beato
Sacerdote y Mártir, 13 de julio
 Luis Armando José Adam y Bartolomé Jarrige de la Morélie de Biars, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 13 de julio
 Magdalena de la Madre de Dios (Isabel) Verchière y cinco compañeras, Beatas
Vírgenes y Mártires, 13 de julio
 Manuel Lê Van Phung, Santo
Mártir, 13 de julio
 Pablo Liu Jinde, Santo
Mártir, 13 de julio
 José Wang Guiji, Santo
Mártir, 13 de julio
 Otros santos y beatos
Completando el santoral de este día, 13 de julio

SAN ENRIQUE, EMPERADOR, 13 DE JULIO

Autor: . | Fuente: ACIprensa.com
Enrique, Santo
Emperador, 13 de julio
 
Enrique, Santo

Emperador

Martirologio Romano: San Enrique, emperador de los romanos, que, según la tradición, de acuerdo con su esposa Cunegunda puso gran empeño en reformar la vida de la Iglesia y en propagar la fe en Cristo por toda Europa, donde, movido por un celo misionero, instituyó numerosas sedes episcopales y fundó monasterios. Murió en este día en Grona, cerca de Göttingen, en Franconia (1024).

Etimológicamente: Enrique = Aquel que es jefe de hogar, es de origen germánico.
Nacido en el año 972 y fallecido en 1024. Nieto de Carlomagno y sucesor de los tres Otones, fue el más grande apóstol de la paz en el segundo decenio del siglo XI y uno de los más destacados promotores de la civilización occidental, colaborando a la labor del Papado y de los monjes de Cluny, de cuyo abad San Odilón fue gran amigo. -

Seguramente, a la primera impresión nadie habría creído que bajo la pesada armadura de aquel caballero que cabalgaba con sus numerosas tropas por las grandes llanuras del imperio alemán, se escondía un santo.
Pasada ya la gloriosa restauración de Carlomagno, Europa, en el siglo x, vive una época de dejadez y brutalidad. Empiezan a aparecer los desastrosos efectos del feudalismo, la jerarquía eclesiástica está corroída por las investiduras y por doquier impera la ley del más fuerte.
Parece imposible que aún vivan personas santas, y menos aún que lo sea uno de los numerosos príncipes feudales.
Nos hallamos en la corte del duque de Baviera Enrique el Batallador y de su esposa Gisela de Borgoña. En el castillo ducal se celebran grandes festejos porque ha nacido el príncipe heredero. Se le impone, como a su padre, el nombre de Enrique.
Los primeros años pasan plácidamente, pero pronto es víctima de la persecución; su padre ha sido vencido en una de las interminables guerras familiares y se ha visto obligado a huir. Sin embargo, las cosas volverán a su lugar; el padre recobrará el ducado con todas sus posesiones y Enrique podrá dedicarse al cultivo de las Letras, bajo la dirección de Wolfgang, el santo obispo de Ratisbona.
Wolfgang no sólo forma su inteligencia, sino también su voluntad, dándole una esmerada educación cristiana y una sólida piedad.
A la muerte de su padre, hereda el ducado y se convierte en uno de los príncipes de más porvenir de Alemania. Con su carácter recto y justiciero atiende a las necesidades de su pueblo, gobierna con mano al mismo tiempo fuerte y suave.
Sabe comprender y no es vengativo. Prefiere perdonar que castigar y busca antes el provecho de sus súbditos que sus propios intereses.
En el año 1002, los electores del Sacro Imperio Romano-Germánico le nombran para el cargo imperial. Acaba de morir Otón III, sin sucesión directa.
La fama de Enrique, su sinceridad y nobleza, son reconocidas por todos, y saben que será el emperador ideal.
La ascensión al trono imperial es para el duque de Baviera una empresa difícil. Surgen contrincantes que ha de vencer, sublevaciones para dominar, querellas entre los señores feudales, que ha de sofocar, pero Enrique con su fiel ejército atiende a todo.
Vence al rey de Polonia, rechaza a los bizantinos, interviene en los Estados Pontificios defendiendo los derechos de Benedicto VIII, el legítimo sucesor de Pedro.
Con su prodigioso genio militar sabe triunfar, pero, diferente de muchos otros de su tiempo, no abusa de la victoria. La justicia rige todos sus actos.
Su actividad se extiende también a la reforma espiritual del clero.
En el año 1007 convoca, de acuerdo con las costumbres de su tiempo, un Concilio general en Francfort. Acuden los numerosos obispos del Imperio, que dictan severas normas disciplinarias. Después, Enrique procurará que se cumplan.
Restablecido el orden en el Imperio y protegidas las fronteras, Enrique empezó a reinar con todo su poder. En el año 1014, junto con su esposa, fue ungido y coronado rey por el propio pontífice, en Roma.
Seguramente pocos reyes tuvieron, ya en vida, tan buena fama y muchos menos fueron venerados y gozaron del amor de sus súbditos como este nieto de Carlomagno.
Muestra de su gran virtud es este ejemplo: Al sentirse morir llamó junto a sí a los grandes del reino y, tomando la mano de su esposa Cunegunda, también santa, dijo a los padres de ésta: "He aquí a la que vosotros me habéis dado por esposa ante Cristo; como me la disteis virgen, virgen la pongo otra vez en las manos de Dios y vuestras". Sus restos reposan en la catedral de Bamberg.
San Enrique realizó lo que a muchos puede parecer imposible: ser emperador, vivir continuamente ocupado en los problemas públicos y entre guerras, y llegar a santo.
Si Enrique de Baviera lo llevó a término fue porque en el ejercicio de su cargo vio un servicio al prójimo y a Jesucristo. La historia de Europa nos ofrece pocas vidas tan bellas y útiles como la de Enrique II, el Santo.

Fue canonizado el año 1146 por el Papa Beato Eugenio III. 

viernes, 12 de julio de 2013

ORACIONES A SANTA TERESA DE LOS ANDES - 13 JULIO



SANTA TERESA DE LOS ANDES, RELIGIOSA, 13 DE JULIO


Santa Teresa de Los Andes




(Juana Fernández Solar; Santiago de Chile, 1900 - Los Andes, 1920) Joven religiosa que fue la primera santa chilena de la Iglesia Católica. Desde muy niña había dado muestras de su espiritualidad: quiso comulgar con tan sólo cinco años, prometió a los seis rezar el rosario todos los días y a los catorce amadrinó a un niño que le había pedido limosna en la calle. La lectura de la obra Historia de un alma, de la carmelita francesa Teresita del Niño Jesús y, sobre todo, las obras de Santa Teresa de Jesús, a quien consideró su guía y maestra, influyeron enormemente en el desarrollo de su vocación.


Santa Teresa de Los Andes

Demostró ser una magnífica estudiante en diversos colegios religiosos de su ciudad natal, como el internado del Sagrado Corazón de Maestranza. A pesar de la oposición de sus padres, cuyos problemas económicos les impedían obtener la dote necesaria, en agosto de 1918 abandonó el colegio con la intención de ingresar en la orden del Carmelo.

Durante su preparación para el Carmelo, el 7 de diciembre de 1915, un día antes de que su confesor le permitiera hacer su primer voto de castidad, Juana escribió en su diario: "Es mañana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús. ¿Quién soy yo y quién es Él? El todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una pobre pecadora. ¡Oh, Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo y alegría, mi todo! ¡Mañana seré tuya! ¡Oh, Jesús, amor mío! Madre mía, mañana seré doblemente tu hija. Voy a ser Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido Él".

El 7 de mayo de 1919 ingresó en las Carmelitas de Los Andes y pasó a llamarse Teresa de Jesús, aunque más tarde sería conocida como Teresa de Los Andes. Seis meses después inició su noviciado al tomar el hábito de Carmelita. Durante su estancia en el convento no dejó de escribir cartas a sus familiares y amistades en las que pregonaba su amor a Jesucristo, a la Virgen María y a la Eucaristía, además de su alegría y su felicidad por ver cumplida su vocación: "así pasamos la vida; orando, trabajando y riéndonos".

A lo largo de su corta vida sufrió varias enfermedades, como la difteria y el tifus. De los 11 a los 15 años sufrió trastornos de salud cada 8 de diciembre, estando varias veces en peligro de muerte. Nunca expresó, sin embargo, la más mínima queja, ya que consideraba que era Dios quien le "permitía sufrir". En 1918 Juana le había preguntado a su confesor: "lo que yo deseo saber es dónde cree que me santificaré más pronto; pues como le he manifestado varias veces, mi Señor me ha dado a entender que viviría muy poco". En 1920 cayó gravemente enferma a consecuencia de un tifus, y en artículo de muerte recibió los hábitos como sor Teresa de Jesús. Después de una agonía de 14 días, falleció en el convento el 12 de abril de 1920.

Tras un proceso de beatificación iniciado cuarenta años antes, en 1987 fue proclamada beata por el papa Juan Pablo II, como "la luz de Cristo y el faro luminoso que debe guiar a los chilenos". En 1993 fue canonizada y declarada primera santa del país con el nombre de Santa Teresa de Los Andes. Sus restos descansan en el santuario de Auco, en Los Andes.
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