sábado, 25 de julio de 2020

SANTORAL DE HOY SÁBADO 25 DE JULIO DE 2020

Pedro de Mogliano, BeatoPedro de Mogliano, Beato
Presbítero, 25 de julio
Vicente de la Cruz Gallén Ibáñez, BeatoVicente de la Cruz Gallén Ibáñez, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Jesús Massanet Flaquer, BeatoJesús Massanet Flaquer, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Enrique Morante Chic, BeatoEnrique Morante Chic, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Tomás Carbonell Miquel, BeatoTomás Carbonell Miquel, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Bartolomé de la Pasión Olivé Vivó, BeatoBartolomé de la Pasión Olivé Vivó, Beato
Religioso y Mártir, 25 de julio
Juan de Jesús Vilaregut Farré, BeatoJuan de Jesús Vilaregut Farré, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Cucufate, SantoCucufate, Santo
Mártir, 25 de julio
Juan Soreth, BeatoJuan Soreth, Beato
Sacerdote Carmelita, 25 de julio
Antonio Lucci, BeatoAntonio Lucci, Beato
Obispo, 25 de julio
Dionisio Pamplona, BeatoDionisio Pamplona, Beato
Presbítero y Mártir, 25 de julio
María Teresa Kowalska, BeataMaría Teresa Kowalska, Beata
Virgen y Mártir, 25 de julio
Ángel Dario Acosta Zurita, BeatoÁngel Dario Acosta Zurita, Beato
Sacerdote y Mártir, 25 de julio
Olimpia, SantaOlimpia, Santa
Viuda, 25 de julio
Santiago el Mayor, SantoSantiago el Mayor, Santo
Apóstol, 25 de julio
Cristóbal de Licia, SantoCristóbal de Licia, Santo
Mártir, 25 de julio

FELIZ FIN DE SEMANA




jueves, 23 de julio de 2020

ORACIÓN A JESÚS EUCARISTÍA


Oración para una visita
 a Jesús Sacramentado





¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.

Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes...; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?

Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía... Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.

Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.

No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás... Sí..., vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.
Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo... Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.

Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor..., amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.

Te ruego por los que amo... Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.

Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.

Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.

Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo.

Amén.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES Y RELIGIOSAS


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 
SACERDOTALES Y RELIGIOSAS



Padre, escucha las oraciones de tu pueblo,
y haz madurar la semilla que tú sembraste
en el campo de tu Iglesia.
Haz que mucha de tu gente escoja servirte
dedicándose al servicio
de sus hermanos y hermanas.
Elige ministros dignos de tus altares
y ardientes pero bondadosos servidores del Evangelio.
Que aquellos que siguen las huellas de Cristo, tú Hijo,
crezcan y provean por su forma de vida
una señal convincente de tu reino
para la Iglesia y todo el mundo.
Que todos los ministros de tu Iglesia
aumenten en números,
y sean persistentes en sus oraciones,
y que desempeñen su ministerio con generosidad e interés
por otros.
Padre, consérvalos fieles al llamado del Evangelio;
que el mundo vea en ellos
la imagen viviente de tu Hijo, Jesucristo,
quien es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

HOY CELEBRAMOS A SANTA BRÍGIDA, PATRONA DE EUROPA , 23 DE JULIO DE 2020


Biografía de Santa Brígida
23 de Julio de 2020



Dios quiera enviar a su Iglesia muchas Brígidas, que con sus oraciones y sus buenos ejemplos y palabras logren enfervorizar por Cristo a muchas personas más.

Cristo murió por mí. ¿Y yo, qué haré por Él?

Brígida significa: Fuerte y brillante.

Esta santa mujer tuvo la dicha de nacer en una familia que tenía como herencia de sus antepasados una gran religiosidad. Sus abuelos y bisabuelos fueron en peregrinación hasta Jerusalén y sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes, y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia, y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era gobernador de la principal provincia de Suecia.

Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303.

De niña su mayor gusto era oír a la mamá leer las vidas de los Santos.

Cuando apenas tenía seis años ya tuvo su primera revelación. Se le apareció la Sma. Virgen a invitarla a llevar una vida santa, totalmente del agrado de Dios. En adelante las apariciones celestiales serán frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia, y él, después de estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.

Cuando tenía 13 años asistió a un sermón de cuaresma, predicado por un famoso misionero. Y este santo sacerdote habló tan emocionantemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado.

Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: - ¿Quién te puso así? - y oyó que Cristo le decía: "Los que desprecian mi amor". "Los que no le dan importancia al amor que yo les he tenido". Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo. Su padre la casó con Ulf, hijo de otro gobernante. Tuvieron un matrimonio feliz que duró 28 años. Sus hijos fueron 8, cuatro varones y cuatro mujeres. Una de sus hijas fue Santa Catalina de Suecia. Un hijo fue religioso. Otros dos se portaron muy bien, y Carlos fue un pícaro que la hizo sufrir toda la vida. Sólo a la hora en que él se iba a morir logró la santa con sus oraciones que él se arrepintiera y pidiera perdón de sus pecados a Dios. Dos de sus hijas se hicieron religiosas, y otra fue "la oveja negra de la familia", que con sus aventuras nada santas martirizó a la buena mamá. Fue pues una familia como muchas otras: con gente muy buena y gente que hace sufrir.

Brígida era la dama principal de las que colaboraban con el rey y la reina de Suecia. Pero en el palacio se dio cuenta de que se gastaba mucho dinero en lujos y comilonas y se explotaba al pueblo. Quiso llamar la atención a los reyes, pero estos no le hicieron caso. Entonces pidió permiso y se fue con su esposo en peregrinación a Santiago de Compostela en España. En el viaje enfermó Ulf gravemente. Brígida oró por él y en un sueño se le apareció San Diosnisio a decirle que se le concedía la curación, con tal de que se dedicara a una vida santa. El marido curó y entró de religioso cisterciense y unos años después murió santamente en el convento.

En una visión oyó que Jesús Crucificado le decía: "Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades". Desde ese día Brígida dejó todos sus vestidos elegantes y empezó a vestir como la gente pobre. Ya nunca más durmió en camas muy cómodas, sino siempre sobre duras tablas. Y fue repartiendo todos los bienes entre los pobres de manera que ella llegó a ser también muy pobre.

Con su hija Santa Catalina de Suecia se fue a Roma y en esa ciudad permaneció 14 años, dedicada a la oración, a visitar y ayudar enfermos, a visitar como peregrina orante muchos santuarios, y a dictar sus revelaciones que están contenidas en ocho tomos (Sufrió muy fuertes tentaciones de orgullo y sensualidad). Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos. Sus avisos sirvieron enormemente para mejorar las costumbres y disminuir los vicios.

Por inspiración del cielo fundó la Comunidad de San Salvador. El principal convento estaba en la capital de Suecia y tenía 60 monjas. Ese convento se convirtió en el centro literario más importante de su nación en esos tiempos. Con el tiempo llegó a tener 70 conventos de monjas en toda Europa.

Se fue a visitar los santos lugares donde vivió, predicó y murió Nuestro Señor Jesucristo, y allá recibió continuas revelaciones acerca de cómo fue la vida de Jesús. Las escribió en uno de los tomos de sus revelaciones, y son muy interesantes. En Tierra Santa parecía vivir en éxtasis todos los días.

Al volver de Jerusalén se sintió muy débil y el 23 de juilio de 1373, a la edad de 70 años murió en Roma con gran fama de santidad. A los 18 años de haber muerto, fue declarada santa por el Sumo Pontífice. Sus revelaciones eran tan estimadas en su tiempo, que los sacerdotes las leían a los fieles en las misas.

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 23 DE JULIO DE 202


Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
Jueves 23 de julio de 2020

Hoy es: Santa Brígida (23 de Julio)
“ Sin mí no podéis hacer nada ”


Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 19-20:
Hermanos:
Yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios.
Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí.
Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.


Salmo
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11 
R/. Bendigo al Señor en todo momento


Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».




Reflexión del Evangelio de hoy
Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí


Abandonamos hoy la lectura continua en la eucaristía para celebrar la fiesta de Santa Brígida de Suecia, una mujer del siglo XIV, perteneciente a la alta sociedad de la época, joven esposa, madre de ocho hijos, viuda y fundadora de una orden religiosa.

Su relación profundísima con el Señor Jesús, sobre todo a través del misterio de su pasión, hizo de ella una verdadera predicadora del evangelio, con una gran influencia en la sociedad de su tiempo, desde los Papas y nobles hasta la gente sencilla. Comparte con otras santas el reconocimiento de la Iglesia como patrona de Europa.

Las lecturas elegidas para su fiesta resaltan el modo de comprender la fe y la experiencia espiritual de Brígida de Suecia. Dos versículos de la carta de Pablo a los gálatas. Radicales y aparentemente paradójicos, en ese discurso vehemente por mostrar que sólo en Jesús, el Cristo, está la salvación para todos. Sorprendentes en estos tiempos en que se subraya con fuerza la necesidad imperiosa de ser uno mismo, de ser libre… aunque vivamos después dominados y manejados por los intereses del poder y siguiendo a tantos gurús como proliferan en épocas de crisis.

Pero ¿quizá Pablo está sugiriendo que la persona ha de dejar de ser ella misma? ¡Más bien al contrario! Pablo descubrió que la persona de Jesús lo era TODO, la plenitud de lo humano y lo divino. Y en el proceso de identificación con Él -nunca en el cumplimiento de una Ley- adquirimos la capacidad de ir siendo cada vez más humanos y más “nosotros mismos”.

Ojalá experimentemos que a medida que vamos viviendo de la fe en el Hijo que nos amó nos acercamos a nuestra auténtica identidad. Dios no nos desaloja de nosotros mismos, sino que potencia nuestra capacidad de llegar a ser realmente aquello que estamos llamados a ser.

Sin mí no podéis hacer nada
El descubrimiento de Pablo en la 1ª lectura, “es Cristo quien vive en mí”, encuentra en el evangelio su “complemento” en boca de Jesús. Si Cristo vivía en Pablo, ahora Jesús nos invita a ser nosotros los que vivamos en Él.

El texto está poblado de frases que pueden provocar desconcierto. El labrador, la vid y los sarmientos constituyen imágenes alegóricas muy sencillas cuando se refieren a la naturaleza, pero no lo son tanto cuando caemos en la cuenta de que somos los “sarmientos”. Y es que la vida de sarmiento no es precisamente fácil: si no hay frutos se arranca y se tira al fuego… si hay frutos se poda para que dé más frutos…

¿Viviremos obsesionados por producir frutos? ¿Cuáles son esos frutos que hemos de dar? ¿Se nos empuja a vivir bajo la presión de que una tijera de podar pende sobre nuestras cabezas?

Esa interpretación se aleja de lo que Jesús ha ido comunicando en el evangelio. Como dice A. Candiard, cuando una palabra del Evangelio nos produce miedo significa que no hemos sabido interpretarla. ¿Cuál es el mensaje entonces? El Padre envía al Hijo para salvar al mundo; el Hijo nos ama y nos invita a vivir unidos a Él hasta el punto de participar de su propia vida como el sarmiento lo hace de la vid.

Si acogemos esta invitación, si deseamos que nuestra vida adquiera su sentido precisamente en esa vinculación estrecha con Él, los frutos surgirán sin que sepamos cómo, y -aunque parezca mentira porque hay muchas cosas fantásticas que se realizan en el mundo sin referencia explícita al Señor Jesús- viviremos con alegría la sorpresiva experiencia de sentir en lo más hondo de nosotros que no podemos hacer nada sin Él.


Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo

SANTORAL DE HOY JUEVES 23 DE JULIO DE 2020

Apolinar de Rávena, SantoApolinar de Rávena, Santo
Obispo y Mártir, 23 de julio
Pedro Ruiz de los Paños y 8 compañeros, BeatosPedro Ruiz de los Paños y 8 compañeros, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 23 de julio
José Sala Pico, BeatoJosé Sala Pico, Beato
Sacerdote y Mártir, 23 de julio
Juan Huguet y Cardona, BeatoJuan Huguet y Cardona, Beato
Sacerdote y Mártir, 23 de julio
Juan Casiano, SantoJuan Casiano, Santo
Sacerdote, 23 de julio
Pedro Ruiz de los Paños y Ángel, BeatoPedro Ruiz de los Paños y Ángel, Beato
Presbítero, Mártir y Fundador, 23 de julio
Cristino Gondek, BeatoCristino Gondek, Beato
Sacerdote y Mártir, 23 de julio
Basilio Hopko, BeatoBasilio Hopko, Beato
Obispo y Mártir, 23 de julio
Ezequiel, SantoEzequiel, Santo
Profeta, 23 de julio
Brígida de Suecia, SantaBrígida de Suecia, Santa
Memoria Litúrgica, 23 de julio

BUENOS DÍAS





miércoles, 22 de julio de 2020

ESTAMPA CON ORACIÓN A SANTA MARÍA MAGDALENA

VATICANO EXHORTA A TENER ACTITUD DE ESPERANZA ANTE LA PANDEMIA


Vaticano exhorta a tener actitud de esperanza ante la pandemia
POR MERCEDES DE LA TORRE | ACI Prensa
 Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa




La Pontificia Academia para la Vida publicó este 22 de julio el documento “Humana communitas en la era de la pandemia” del COVID-19 con “consideraciones intempestivas sobre el renacimiento de la vida”.

El texto vaticano exhorta a tener “una actitud de esperanza, más allá del efecto paralizante” y advierte que “todos estamos llamados a hacer nuestra parte. Mitigar las consecuencias de la crisis implica renunciar a la noción de que ‘la ayuda vendrá del gobierno’, como si fuera un deus ex machina que deja a todos los ciudadanos responsables fuera de la ecuación, intocables en su búsqueda de intereses personales”.

En este sentido, el documento de la Pontificia Academia para la Vida señala que existen “dos tentaciones opuestas: por un lado, la resignación que sufre pasivamente los acontecimientos; por otro, la nostalgia de un retorno al pasado, sólo anhelando lo que había antes”.


“Es hora de imaginar y poner en práctica un proyecto de convivencia humana que permita un futuro mejor para todos y cada uno”, exhortó.

Además, el texto reconoce que “no hemos prestado suficiente atención, especialmente a nivel mundial, a la interdependencia humana y a la vulnerabilidad común” ya que “si bien el virus no reconoce fronteras, los países han sellado sus fronteras”.

“A diferencia de otros desastres, la pandemia no afecta a todos los países al mismo tiempo… La pandemia está aumentando las desigualdades e injusticias ya existentes, y muchos países que carecen de los recursos y servicios para hacer frente adecuadamente al Covid19 dependen de la asistencia de la comunidad internacional”, alerta.

En esta línea, el documento vaticano explica que “las lecciones de fragilidad, finitud y vulnerabilidad nos llevan al umbral de una nueva visión: fomentan un espíritu de vida que requiere el compromiso de la inteligencia y el valor de la conversión moral”.

“Aprender una lección es volverse humilde; significa cambiar, buscando recursos de significado hasta ahora desaprovechados, tal vez repudiados. Aprender una lección es volverse consciente, una vez más, de la bondad de la vida que se nos ofrece, liberando una energía que va más allá de la inevitable experiencia de la pérdida, que debe ser elaborada e integrada en el significado de nuestra existencia”, describe.


Por ello, “es necesario dar cuerpo a un concepto de solidaridad que vaya más allá del compromiso genérico de ayudar a los que sufren. Una pandemia nos insta a todos a abordar y remodelar las dimensiones estructurales de nuestra comunidad mundial que son opresivas e injustas, aquellas a las que en términos de fe se les llama ‘estructuras de pecado’. El bien común de la comunidad humana no puede lograrse sin una verdadera conversión de las mentes y los corazones”.

De este modo, el documento subraya que “el acceso a una atención de salud de calidad y a los medicamentos esenciales debe reconocerse como un derecho humano universal” y añade que “de esta premisa se desprenden lógicamente dos conclusiones: la primera se refiere al acceso universal a las mejores oportunidades de prevención, diagnóstico y tratamiento, más allá de su restricción a unos pocos. La distribución de una vacuna, una vez que esté disponible en el futuro, es un punto en el caso. El único objetivo aceptable, coherente con una asignación justa de la vacuna, es el acceso para todos, sin excepciones. La segunda conclusión se refiere a la definición de la investigación científica responsable”.

Para leer el documento completo haga click aquí.

MARÍA MAGDALENA: LA PECADORA ARREPENTIDA


María Magdalena: La pecadora arrepentida
De no ser por los Evangelios y por lo que Jesús hizo con ella, nadie la recordaría hoy


Por: n/a | Fuente: Alfa y Omega // ArchiMadrid.org




Era «una mujer pecadora que había en la ciudad» y se le perdonaron los pecados «porque había amado mucho».

El relato de san Lucas (7, 36-50) introduce a esta mujer en la historia de los hombres y ya estará en ella hasta el fin; de no ser por los Evangelios y por lo que Jesús hizo con ella, nadie la recordaría hoy; su vida habría pasado como un anónimo de baja calidad olvidado por todos. Leyendo la escena de lo que pasó en casa de Simón no se descubre su nombre; fue una delicadeza de autor tan humano y fino que no quiso ponerla en evidencia. Hizo bien, porque como la malicia de los hombres y mujeres con sus evidentes debilidades no tienen nada de atractivo ni de originalidad, prefirió resaltar la misericordia sin límite de Jesús. Luego, cuando ya no tuviera dentro «los siete demonios» que tuvo, sí sería oportuno escribir el nombre de María Magdalena, como hace Lucas en el capítulo siguiente.

Sin que pueda afirmarse de modo absoluto la identidad entre María Magdalena, la pecadora sin nombre, con la hermana de Lázaro y de Marta que se llamaba María a la que habría de suponer una época de extravíos juveniles, parece que la coincidencia de rasgos comunes en los relatos evangélicos –preferencia por los pies de Jesús y ser amiga de ungüentos perfumados–, justifican la fusión que de ambas figuras hace la tradición cristiana como queda expresada en la liturgia y en el martirologio.

Quizá fue un reproche de Jesús lo que la llevó al cambio, pero no lo sabemos; o a lo mejor fue una mirada de Jesús encontrada en alguno de aquellos momentos en los que la había situado su curiosidad por desear ver al joven Rabí de Nazaret; o la afirmación agresiva que hizo Jesús –para aclarar la mente de los que pensaban que eran buenos– de que «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los Cielos». El caso es que comenzó a sentirse incómoda consigo misma desde que le escuchó aquello de «bienaventurados los limpios» que verían a Dios. Hablaba mucho Jesús de la misericordia divina y, sin poderlo explicar, María no podía distraerse del deseo vehemente de estar cercana; le parecía que nadie hasta entonces entendía tanto de las profundidades de ese corazón bueno de Dios y ella comenzó a notar en su interior un deseo acuciante de bondad y de bien. El Nazareno disfrutaba hablando de la misericordia divina con los pecadores, rompió las reglas de juego admitiendo entre sus amigos a indeseables, y hasta dijo aquella verdad de que el médico está para los enfermos, que lo sanos no lo necesitan. María se siente colocada frente a sí misma; comenzó a darle asco su vida. La enseñanza variopinta del Maestro hablaba del padre bueno que espera la vuelta del hijo que se fue, y del pastor que busca cuidadoso a la oveja que se extravió. La de Magdala ya no se soporta; no puede sufrir el pensamiento de su propio espectáculo a pesar de su ansia vehemente de triunfos y halagos; se rebela contra su situación actual al tiempo que escucha a Jesús que hablaba de Dios –el mismo de siempre, pero sin palo–, como un padre lleno de comprensión. La mujer siente su orgullo encabritado, pero la gracia va abriéndose camino; solo hacía falta querer dar un paso, porque los pecados pesan ahora como una atadura insoportable.

Ni se lo pensó. Entró como a escondidas con un vaso de alabastro lleno de perfume, sin deseo de llamar la atención, y sin conseguir pasar desapercibida. Quiso pedir perdón y no pudo; se arrastró; no le salían palabras; solo es capaz de llorar, besar los pies y secar lo mojado con sus cabellos manejados con arte. Aturdida por tan extraña situación, le pareció oír que el joven Rabí la defendía de Simón con palabras pausadas y voz serena. Después vino el gozo al escuchar «tu fe te ha salvado, vete en paz».

Libre y renovada, flotando en bondad, se une al grupo de mujeres que le asisten en el ministerio mesiánico, y ya no dejará jamás a Jesús, ni siquiera cuando le escuche que deberá comer su carne y beber su sangre, ni se unirá a la cobarde deserción de sus amigos en el momento del Calvario. Vive una felicidad indecible.

Galilea, Judea, Decápolis y Fenicia. En Judea, el ambiente se iba enrareciendo; ella no sintió miedo, ni entendió cómo podían tenerlo los discípulos. Pero aquello pasó, aunque María no lo tuviera previsto y hasta le pareciera la pesadilla de un sueño embustero, ¡habían apresado al Maestro! Si solo ha hecho el bien, si es tan bueno, si no hizo mal, si ayuda a los pobres, si se desvive por los enfermos, si dice verdades, si habla del Cielo… Su actuación fue la misma por todas partes. ¿No curó al paralítico? ¿Qué hizo con el ciego? ¿No sanó leprosos? ¡Dio vida a la niña, al chico de Naín, a Lázaro! Alimentó a miles con pocos panes y peces, libró a endemoniados… tantas y tantos vivían contentos gracias e él.

Ya han levantado la cruz. El Gólgota está oscuro y con truenos. Se le escucha perdonando, que es lo suyo. Y hace promesa del Reino al ladrón y asesino que se arrepiente; sí, ese es su estilo. María mira y no entiende, mira y se avergüenza. La antigua profecía: «Mi siervo ha tomado sobre sí los pecados de todos» fue como un relámpago en su mente que le hizo entrever algo del misterio. Era descubrir el precio de sus pecados, la malicia de sus hechos. Y muchas lágrimas, algún grito, todo es desconsuelo mientras hipa a moco tendido. La mano de la madre del crucificado puesta en su hombro venía a darle paz; el rostro de aquella mujer con lloro sosegado le hizo entender que no tenía derecho a expresar más dolor del que sufría la propia madre del muerto.

Cuando lo desclavaron y lo bajaron, casi no tuvieron tiempo para prepararlo y así lo tuvieron que enterrar. María Magdalena tiene la cabeza confusa y lleva un propósito en el pecho: cuando pasase el descanso sabático, moriría al lado de Jesús, quedándose junto al sepulcro.

Allá iba el domingo entre dos luces, con más ungüentos aromáticos, acompañada de un grupo pequeño de mujeres. La puerta está abierta, ¡han violado la tumba y no está su cuerpo! Corre al cenáculo y corren también Juan y Pedro. Todos se alborotan y regresan con el corazón en un puño, plasmada la incertidumbre en los rostros y con más miedo dentro. María se queda sola con su desventura; ya no le queda ni siquiera el cuerpo de Jesús muerto.


Le dice al hortelano que lo buscará y lo traerá. Solo una palabra en tono especial la revuelve para poder ella responder de modo increíble a lo humano: Rabboni, Maestro mío. Hay un nuevo intento de agarrarse a sus pies y la alegría indescriptible de testificar como un huracán que ha visto vivo al que estuvo muerto.

A partir de este momento, ya no se vuelve a hablar en el Evangelio más de María Magdalena.

Después quedó la leyenda –clara en sus justos términos– parloteando de sus posibles, imaginados o deseados pasos por el mundo, apartada en el desierto o llegando en diáspora judía hasta las playas de Marsella. Yo prefiero quedarme con la estampa que cierra su vida el Evangelio hasta que la salude personalmente en el cielo. ¿Podrá hacerse eso?

ESTAMPA CON ORACIÓN A SAN JOSÉ

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 22 DE JULIO DE 2020


Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
Miércoles 22 de Julio de 2020


 Hoy es: Santa María Magdalena (22 de Julio)


“ Mujer, ¿por qué lloras? ”



Primera lectura
Lectura del libro del Cantar de los Cantares 3, 1-4a

Esto dice la esposa:
«En mi lecho, por la noche,
buscaba al amor de mi alma;
lo buscaba, y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad,
por las calles y las plazas,
buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas
que hacen la ronda por la ciudad.
“Habéis visto al amor de mi alma?”.
En cuanto los hube pasado,
encontré al amor de mi alma».


Salmo
Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios


Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabaran mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabaran jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1. 11-18


El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabbuní! », que significa: «¡Maestro! ».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».



Reflexión del Evangelio de hoy
Buscando al amor de mi alma


En la festividad de Santa María Magdalena, la primera testigo del resucitado, encontramos en el libro del Cantar de los Cantares a una mujer que “busca el amor de su alma”. El camino hasta encontrarlo se hace largo. Lo buscó por caminos erróneos, pero lo halló no tanto cuando lo buscaba, sino cuando menos lo esperaba.

¡Qué difícil tarea la de buscar el amor!  Quizás sea en la inocencia de la adolescencia cuando hallamos parte de él. Hablamos de encajar, de ser compatibles, de ser piezas de un engranaje bien ensamblado, de la otra mitad de mi ser. Pero, siempre llega el desencanto. Se rompe la relación y lo que parecía ser un alma gemela, se ha convertido en uno de los mayores enemigos porque nos ha causado dolor. El alma yace herida por los caminos del desencanto y el desamor.

Pero, hemos de ser consciente de algo importante. El amor siempre va unido al alma. Si al alma no lo hacemos crecer y madurar el amor queda expuesto a la superficialidad; y con ella, se rompe también el alma. Para amar hemos de a cercarnos a nuestra alma, ver qué necesidades tenemos, y preguntarnos cómo las podemos superar. Hay que superar primero esas necesidades para aventurarme al amor.

El amor de un alma madura se expone al sacrificio. Y el sacrificio es una total donación gratuita de cuanto soy. No cabe reservarse nada ante la persona amada. No hay amor sin una confianza plena, y sin una fidelidad inquebrantable, firme como una roca.

Sin embargo, sucede que, a veces, salimos de nuestra alma para hacer incursiones por el mundo; nos tomamos un tiempo queriendo buscar oxígeno para nuestra mente y nuestro espíritu; pero, una cosa es respirar, y otra dar bocanadas. No podemos exponer a nuestro espíritu la dictadura del impulso irredento que nos conduce a la desestructuración personal.

Cuando el tiempo es el adecuado, y se ha respirado lo suficiente, hemos de volver a tomar consciencia de un nuevo ser personal dispuesto a renovar su amor. Lo malo es creer que respiramos cuando lo que estamos haciendo es dar bocanadas de aire, que fuerzan una incorrecta capacidad de respirar. Damos bocanadas cuando nos sentimos ahogados, o hemos hecho un sobreesfuerzo con nuestro cuerpo, no obstante, hemos de volver al fluir sereno de la respiración, para que todo nuestro cuerpo esté acorde con su ser.

Lo mismo nos sucede con Dios. O lo respiramos conscientemente para que nuestra alma esté unida a Él, o actuamos de manera impulsiva y rompemos el ritmo de nuestra relación con Él. Buscar el amor de mi alma significa también buscar a Dios y su presencia. Dios es amor, según nos dice la primera carta de san Juan; de Él hemos recibido la capacidad de amar como acto creador, por eso el amor no se puede desvincular de su capacidad creadora; de alguna manera moldeamos con esa capacidad creadora a nuestros seres queridos cuando les expresamos un amor gratuito. Sólo la gratitud es señal de una acogida sincera.

Buscar oxígeno en el amor es la expresión de una persona que se siente atrapada, agobiada, oprimida. Sin embargo, puede ser sólo una mentira que justifique mi huida. El oxígeno es necesario, pero la huida no resuelve los problemas.

Mujer, ¿por qué lloras?
En el Evangelio de San Juan encontramos a María Magdalena al pie del sepulcro, buscando en el lugar de los muertos al que está vivo. María Magdalena tiene quebrado el corazón y su alma por la muerte de Jesús. Ella fue discípula y servidora de la comunidad de creyentes que compartieron con Jesús el pan y la palabra. María se resiste a comprender el cambio cualitativo que ha cobrado la nueva vida en Cristo Jesús. Llora, pero a veces el llanto es egoísta. Lloramos por cuanto ya no recibimos.

Es necesario que alguien nos llame por nuestro nombre, para tomar conciencia de la liberación de nuestra angustia, y poder proclamar la alegría de la salvación. Esa alegría surge con el encuentro del Resucitado, que me pregunta “¿por qué lloras?”. He de buscar la causa de mi llanto.

Hay personas de llanto fácil, pero no encuentran la causa de su llanto. A veces es la emoción frágil, otras veces es la experiencia que uno siente por el abandono. Quien tiene el corazón quebrado necesita de una experiencia íntima mayor que el dolor, para dar el paso a la alegría.

María además de discípula también fue receptora de una experiencia íntima sin parangón: el resucitado le pregunta por la razón de su llanto, y se revela ante ella. Además de discípula, a partir de ahora es consciente de una misión: Anunciar que Cristo sigue vivo entre nosotros.

¿Por qué escogió a una mujer de entre sus discípulos par ser la primera en experimentar la alegría del resucitado? Hay varias razones que me conducen a responder. El Cristo liberador de la muerte y del pecado también rompe con las estructuras de opresión y discriminación. Pero hay una razón también de fidelidad, María Magdalena, permaneció al pie de la cruz cara al dolor y la muerte. No tenía un espíritu traidor ni un espíritu cobarde. Fue incluso capaz de recorrer el lugar de los muertos para buscar a su Señor.

Hemos de orar hermanos por esa capacidad, siempre nueva, que María Magdalena expresó con su fe y su amor en Cristo Jesús. Ella no se avergonzó de su pasado, ni tampoco de su presente. Llora por amor, y busca por amor la alegría de resucitar.



Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...